martes, 21 de septiembre de 2021

Del libro Lapis exilis


DÍAS DE INFANCIA


Días de mi infancia y mi adolescencia
¿Qué sensación era aquella la de a veces?
¿Lo sabré algún día?
¿Se me revelará al cerrar los ojos en la muerte? 

Me recuerdo en tardes en que por los juegos daba
En eriales solos en que se me imponía el cielo
Y confundido me dejaba el abandono del mundo 

Asustado entonces corría adonde los otros
Para mirar desde el grupo aquel lugar turbio
Como si un canal del cosmos hubiera topado 
O pasado a llevar una fibra prohibida del misterio 

Y ya nada conseguía restituir la alegría del juego 
Y menos el paraíso del amor adolescente
Solo noches en que miraba desde la cama la luna
Y mi soledad por causa de lo que aún ignoro 


98.11.11.
Högdalen



jueves, 16 de septiembre de 2021

Mi HOMENAJE

 
DON CARLOS RENÉ IBACACHE:EL HOMBRE QUE RECUPERÓ LA LIBERTAD PARA LOS JÓVENES POETAS DE CHILLÁN MUCHO ANTES DE QUE LA DICTADURA CAYERA



Don Carlos, en mi historia, es la persona adulta por la que sentí gran afecto. Así como se quiere a un padre.
Cuando me lo presentaron, una junta militar impuesta tras un sangriento golpe de estado, aterrorizaba la sociedad.
Muchos fuimos perseguidos, detenidos y torturados brutalmente. A otros los asesinaron y arrojaron sus cadáveres a ríos, sitios abandonados, o simplemente los hicieron desaparecer vaya uno a saber dónde.
Milagrosamente yo sobreviví la tortura de retenes y comisarías de Carabineros. 
Estuve encarcelado hasta fines de febrero de 1974. De ahí me enviaron relegado a un lugar rural de Ñuble (de esos olvidados por la civilización), bajo control militar y con la obligación de presentarme en el Regimiento cada viernes.
No es difícil imaginar lo desmoralizador que puede llegar a ser para una persona de la ciudad verse obligada a vivir en un ambiente que es lo contrario del propio; además, estar expuesta a las intimidaciones nocturnas de carabineros, como la de apuntar los focos del jeep hacia la vivienda donde reside.
Los lugareños, rudos y analfabetos, a pesar de la desconfianza, me parecían cordiales, a su manera. 
Me llamaba la atención, a medida que conocía sus nombres, el estrecho parentezco entre ellos. En unos, el apellido materno de otros, era el paterno. Es probable que la hemofilia leve de un joven y la ausencia congénita de pigmentación de una muchacha, tuviera aquí su explicación.
Intenté adaptarme a la vida campesina, sin éxito. 
La vivienda, una casucha sin electricidad, poblada de ratones que no paraban de rondar durante la noche los pocos libros y revistas que me quedaban.
Aun así, me consolaba pensando que en Chillán una vida llena de sobresaltos, me hubiera enloquecido.
Al caer la noche, la total oscuridad del campo se convertía en la imagen de mi día a día.
Retomé textos que había compuesto en la cárcel y guardaba en la memoria.
Escribir se tornó mi resistencia, y leer libros que compraba en la Librería Maureira, ubicada en la Avenida Libertad, o libros viejos que compraba en El Arca de Noé, en la Feria del Mercado.
Sin embargo en ningún momento me sentía cómodo. En absoluto.
El pesimismo en que me iba sumiendo, presagiaba un final trágico.
En 1976, en una de esas salidas a la ciudad en que me tocaba control en el Regimiento, el dueño de la Librería Maureira me presentó a un caballero sereno y amable.
Se parecía a mi papá en su modo de ser.
Se llamaba Carlos René Ibacache, presidente del Grupo Literario.
Me contó que se reunían los miércoles en una salita que tenía el Grupo de Cámara Santa Cecilia en la Sala Scheaffer. Al atardecer.
Cordialmente me dijo que sería bienvenido.
Por el camino, exclamaba, impresionado hasta las lágrimas:
“¡Valiente gente! ¡Adorable!”
Que se atrevieran a reunirse a leer poesía en un periodo donde los libros eran vistos por la dictadura como bombas molotov, me emocionaba, me enternecía y me enorgullecía. Había columnistas como Hermógenes Pérez de Arce, un tal Ruiz-Tagle, Pablo Rodríguez Grez, un Maximiliano no sé cuánto, que pedían poner ojo a los centros culturales, pues constituían nidos de comunistas.
Para los socios del grupo literario, como si lloviera.
Pero ahí estaba don Carlitos con su carita redonda, su mirada risueña detrás de los lentes.
Terminada la lectura y el diálogo, venía el cafecito de la convivencia.
Después había que irse a casa por el toque de queda.
En la primera asistencia, no salía de mi asombro.
Era como si se hubiera abierto una puerta en el Cielo.
¡Dios, Dios mío!
Así que con entusiasmo continué la escritura. Sobre todo cuando don Carlitos propuso un miércoles que “en la próxima reunión Harold podría leer sus textos. Si a él le parece".
¿Quéee? “¿Si a él le parece?”
Ja, ja, ja. ¡Qué nobleza, viejo lindo!
"Por supuesto, con todo gusto. Un honor", murmuré, tímido.
Pues, entonces, el miércoles siguiente leí los poemas que por ese momento creía casi listos.
Fue emocionante. Aplaudieron. Luego los comentaron (qué lujo). A una socia, bajando la voz, les parecieron algo atrevidos.
Don Ernesto Vásquez Méndez habló de las claves de la poesía. Toda una lección que me llevé a la casa de campo para tener en cuenta en el momento de la corrección de los poemas, a la luz de una vela.
Después me enteré que don Carlos había escrito una crónica nada menos que en el diario de la ciudad, ¡La Discusión!
¡Wau! No lo podía creer.
Yo no daba más de orgullo por mis poemas. Incluso, tonto me puse. Lo que no importó a don Carlos ni a don Ernesto. Se reían.
Con el tiempo fui tomando confianza y asumiendo mi condición de poeta. Como debía ser, pienso ahora.
Mientras en el país las cosas no iban mejor. El pueblo pasaba hambre y no había barrio que no tuviera un vecino detenido.
La brutalidad, la incultura, la hipocresía, la miseria humana campeaban.
En la pantalla del televisor del restaurante vi a escritores que en condiciones normales, nadie hubiera dado una chaucha por ellos; sin embargo, posaban como los galácticos de la literatura nacional.
Hubo otros que aprovecharon el vacío que dejó el fallecimiento de Pablo Neruda y la ausencia de poetas que se vieron obligados a emigrar, para granjearse la simpatía de la juventud y la Junta militar asi catapultar su fama.
Como se ve, nada de fácil para los escritores naturales.
Radio Moscú, en su programa Escucha Chile, leyó un poema mío con el seudónimo de Pablo del Sur. Y eso fue todo.
Los poetas necesitaban más que eso. Su territorio, su lugar en la sociedad para cumplir su función. Condiciones que no podían venir de ninguna manera de las instituciones del régimen militar.
Alguien tenía que liderar la iniciativa, la reivindicación.
Debía ser una persona cuya condición humana fuera de dimensiones, porque tendría que mantener a raya al coronel de la zona.
Todavía más. Capaz de imponer respeto para llevar a cabo programas en las radioemisoras, editar revistas y libros y organizar festivales de poesía.
Para bendición nuestra, en Chillán tuvimos a esa persona: don Carlos René Ibacache.
Y no resultaba fácil para él. 
Más de una vez el coronel lo citó a su oficina, ‘allá arriba’, para "advertirle" que controlara a su gente.
También hubo un engreído que se mofaba de don Carlos, por abrir las puertas del Grupo Literario a la juventud y la dueña de casa.
Sí, nosotros, lo jóvenes fuimos atrevidos. Perdimos el miedo y nos comportamos de manera irresponsable.
En una oportunidad el Grupo Literario organizó una lectura en el salón de la Sala Scheaffer. Habíamos cinco personas en la mesa del estrado. Don Carlos ofició de moderador.
En la planta baja del salón, en la primera fila, el jefe de plaza —es decir, un militar de alto grado—, un representante de la Iglesia católica y uno de la Municipalidad.
La sala estaba llena.
Llegado mi turno, ignorando el protocolo, saqué del bolsillo mi primer poema contestatario, y lo leí.
Era notorio que las autoridades estaban incómodas en las butacas.
Al término de la lectura, el aplauso fue grandioso. Incluso algunos jóvenes, como Patricio Sobarzo, gritaron "¡Bravo! ¡Bravo!"
Yo, qué decir, estaba desconsideradamente feliz.
Don Carlos, el miércoles siguiente, me contó que lo habían citado ‘allá arriba’. Sin embargo no me reprochó nada, ni me pidió prudencia.
Por eso puedo asegurar que nosotros fuimos libres mucho antes del debilitamiento de la dictadura y su caída.
Gracias a don Carlos René Ibacache.
Por eso, el Grupo Literario Ñuble, su obra, debería tener su propia casa, con su retrato, en honor a este gran hombre.
Los escritores y poetas, Chillán, se lo deben.


Chillán, 2 de septiembre de 2021.

martes, 17 de agosto de 2021

Del libro Gizbar

Ulises vuelve a casa, mas no a Ítaca




No fui a ninguna Troya
Que mi casa la dejé por nada
No más quería ver el mundo
Otras gentes y otros cielos
No con estos ojos sino otros
Mas lo único que logré en el afán
Fue ponerme enfermo y viejo
Y quedar totalmente ciego

¿Vas a volver a Ítaca?
A Ítaca quiero díjeles
Que dejé muchas cosas
Discos libros películas
Mis hijos con sus hijos
Mi Ítaca con mi casa
Así nunca haya habido
Troya y tampoco Ítaca

Y los vientos me llevaron
Hasta la isla de Ogigia
Y el elixir que bebí ahí
Me hizo decir mi poema
Mas al verla ahí sentada
Sonriente celeste rosada
Dándole luz a mi faz opaca
Dije ¿Y si en vez de Ítaca?

Y por ir a ninguna Troya
Y andar de vuelta a Ítaca
Y haber hecho todo por nada
Irme debía a las olas del mar
Y navegar de puerto en puerto
Contando la historia de Ulises
Que no fue a ninguna Troya
Ni era de Ítaca ni tenía casa




viernes, 23 de julio de 2021

Del libro Cuaderno de Adán


Isaac Lavín ha escrito:

El poema pertenece al libro Cuaderno de Adán, editado en  Estocolmo, en 2004.

En sus páginas, Adán —luego de la expulsión del Edén— irá registrando el anhelo de volver a ser uno, ahora en poesía.

Como lectura final, se podría decir que en este poema el cuaderno personifica a Eva, así como Eva, la poesía:

"Tú eres este cuaderno que me dejas".



ADIÓS

Tú eres este cuaderno que me dejas
Esta rosa guarecida de la lluvia
Y secreta para la mano amartelada*

Eres la miel que aletea en sus hojas
O la brisa que alienta sus palabras
O el lento aroma de sus finos dedos

Eres el agua que le fluye por los surcos
El murmullo en los precipicios de página
Y la savia azul de la hiedra y la chépica*

Eres la palidez de la hoja o su ánima
Y eres lo que me dejas en vez de besos
Sufro cuando me acerco al término

Pues sin amor ni dueña ¿a dónde ir?
Además ¿cuál ha sido el sueño contigo?
Si lo único que dejaste fue este cuaderno

Esta hojarasca de tu sábana de noche
Donde anduvieron tus pies descalzos
Donde reposó y se revolcó tu cuerpo

Donde bailó tu risa y tu cabello y brote fue
De tu alma y de tu sueño y desde un tiempo
O desde siempre el aguaje de mi ansia

Sí mucho te quise mas hoy me ciego
Y arrojo sus pétalos a la brisa del mar
Y me arrojo al torrente cuyo espejo

Tiene la forma del vacío Mejor así
Que el recuerdo se quede sin recuerdo
El Edén señora mía nunca ha existido

03.01.04. Lilla Essingen, Estocolmo.





martes, 13 de abril de 2021

Dikt



VERSIÓN CASTELLANA, AL FINAL

(El poema fue escrito en sueco)




SATANISK DIKT TILL EN FLICKA FRÅN TEHERAN

För Mashavash


Folket tittar mistänksamt mot himlen

Ingen kan göra något åt

Varken vetenskapmän eller regeringen

Medan asteroiden kommer närmare mot Jorden


Det finns ingen som sover

Antingen står man och tittar upp eller

Går fram och tillbaka på gatorna


För första gång pratar alla med varandra

De säger att om Jorden har en ny chans

Allt skulle vara annorlunda

Medan asteroiden går förbi


Folket dansar och sjunger och tackar Himmelen

Och skjuter upp de vackra fyrverkerierna

Liksom när man vinner Världscupen

Ändå vet man alla löfter kommer att glömmas bort


Och medan asteroiden avlägsnas från oss

Tittar jag hela tiden mot himlen

Liksom när jag väntade dig med klappande hjarta

Och du gick förbi för alltid


Stockholm, 2000.07.10


Jag älskar dig, på persiska / Te amo, en persa


POEMA SATÁNICO A UNA CHICA DE TEHERÁN

(Traducción solo literal)

La gente mira al cielo con desconfianza  /Nadie puede hacer nada / Ni científicos ni gobiernos / Mientras el asteroide se acerca a la Tierra

Nadie duerme / O se mira el cielo / O se va y viene por las calles / Es la primera vez que hablan entre ellos / Dicen que si la Tierra tuviera otro oportunidad / Todo sería distinto /Mientras el asteroide se aleja de nosotros

La gente baila en las calles y agradece al Cielo / Y enciende fuegos artificiales / Al igual que en la Copa del Mundo / Mas se sabe que mañana olvidarán las promesas

Y mientras el asteroide se aleja de nosotros / Sigo mirando al cielo / Así como te esperaba con mi corazón palpitante / Y pasaste de largo para siempre

Estocolmo, 2000.07.10







Coplas

COPLAS A LA MUERTE DE LOS LOBOS


¡Qué pena da verlos muertos,
En los montes con los montes,
En la tierra con la tierra!
Al hombro con el cadáver.

Oí que homini lopus homo
El hombre es lobo del hombre—.
Siendo que el hombre es del lobo.
Al hombro con el cadáver.

Por eso son más los vivos
Que se casan con los muertos
Y los muertos con los muertos.
Al hombro con el cadáver.

Como no es raro en la noche
Que caigan del Santo Cielo
Las vírgenes y los ángeles.
Al hombro con el cadáver.

Es que el mundo no es el de antes.
Antes se moría de hambre,
Ahora el hambre muere de hambre.
Al hombro con el cadáver.

Además se puso oscuro
Con tanta luz en los cielos
Y tanto fuego en el suelo.
Al hombro con el cadáver.

Tan oscuro que en el Cielo
Hay una puerta al Infierno
Y también otro San Pedro.
Al hombro con el cadáver.

Oscuro el Cielo y la tierra
Igual que hocico de lobo,
Más de hombre que de lobo.
Al hombro con el cadáver.

Que así no más va la vida:
Ausentarse sin la Suerte
Y cuidarse de la Muerte.
Al hombro con el cadáver.

¿Que el Nobel brilla en la Ciencia?
Mas no hay premio que más brille
Que el que brilla por su ausencia.
Al hombro con el cadáver.

He dicho oscuro va el mundo
Con las grandes luminarias.
Más oscuro sin palabras.
Al hombro con el cadáver.

Y acabando estoy mis coplas,
Según el son de mi suelo.
De Chillán vine y me vengo.
Al hombro con el cadáver.



sábado, 15 de agosto de 2020

Del libro Relatos ingenuos





Preámbulo

CORO:

¿Por qué demora el olvido
si yo no he de verte más?
en la soledad que vivo
nada saco con amar
como a una imagen querida
que no ha existido jamás

mas no así cierro los ojos
tu imagen surge enseguida
la horquilla en el pelo solo
y algo triste o pensativa
como leve temblor de hojas
que no es hoja sino brisa

brisa de hojas es el verso
que del libro lee tu boca
que no es libro sino sueño
lo que en tu falda reposa
como esta ilusión que vivo
en el reino de las olas

olas que fingen ser rostros
los recuerdos más queridos
que mi boca bebe a sorbos
en esta arca del olvido
como el néctar que se bebe
que no es néctar sino abismo

abismo que solo habita
la honda mudez de los peces
que no es mudez sino enigma
lo que al corazón conmueve
como así a una calavera
las hondas corrientes mecen

mecen tu imagen las aguas
cuando ella viene y se acerca
y al verla tan bella y clara
tan poética y verdadera
como antes beso tu boca
mas no es boca sino arena



El capitán andaluz:

Salí una tarde de junio
del puerto de Andalucía
con tres veleros cargados
de preciosas mercancías

y quién más se lo creyera
que valía lo que valía
lo que no era plata ni oro
y ni caras pedrerías

pues no siendo plata ni oro
ni peso en piedras preciosas
valían mucho más que el oro
y que todas esas cosas

mas para qué detenerse
en explicar lo que sobra
baste saber que sin ellas
por el mar solo irían olas

por las costas africanas
con el sol en la cabeza
bajaban los tres veleros
hacia el cabo de la tierra

los vientos meridionales
soplaron después las velas
que nos llevaban a las Indias
de las preciosas especias

y subiendo hacia las Indias
nos topamos con las bestias
más increíbles y espantosas
que ni en delirio se vieran

navegamos navegamos
por desolados parajes
como si alguien nos hubiera
esfumado los lugares

mas como no hay mal que dure
ni viaje que no se acabe
y aunque nadie lo esperara
acabaron nuestros males

en Bombay nos detuvimos
a lo más cuarenta días
luego emprendimos rumbos
por entre las grandes islas

en China desembarcamos
y nos dimos a la vida
ignorante como estaba
del destino que tendría

si un barco atraca en el muelle
con solo dos pasajeros
no esperes ver que descarguen
otra carga que sus besos

y si del puerto zarpara
tan solo con un pasajero
es que en el puerto ha dejado
un cofre lleno de besos

una tarde que yo andaba
por la playa en primavera
me topé con la muchacha
más hermosa que se viera

y de aquel día su hermosura
forma no hubo ni manera
de olvidarla ni dejarla
y en desearla y en quererla

y a tal punto que su padre
consintió que nos casáramos
siempre y cuando yo le diera
parte de lo que llevábamos

con lágrimas en los ojos
los dos nos dimos las manos
porque ambos lo más querido
por solo ella lo dejábamos

mas él no tomó el camino
de aguas sino de la tierra
porque según el destino
se anda según lo que sueña

pues no siendo plata ni oro
ni peso en piedras preciosas
valían mucho más que el oro
y que todas esas cosas

sus mejillas eran pálidas
de suaves tonos rosados
su boca como un capullo
bajo sus ojos sesgados

su nariz botón apenas
para su rostro ovalado
y además de dulce y bella
se llamaba Flor de Mayo

solíamos al caer la tarde
ir al huerto de ciruelas
en compañía de su antílope
y de su libro de poemas

ella leía con tenues labios
esas palabras secretas
mi corazón era el puerto
y ella el junco que se aleja

lentos rodaban los soles
y los astros y las lunas
lentas las embarcaciones
y la tierra y sus criaturas

lenta mi vida en el puerto
lenta en la taberna oscura
lentos junto a ella mis sueños
varados en su ternura

mas yo la amaba la amaba
que más no quería quererla
porque me dolían los ojos
y el alma con su belleza

y porque un marinero
se ahoga si se queda en tierra
y ha de llevar por los mares
las joyas que más se aprecian

que no siendo plata ni oro
ni peso en piedras preciosas
valen mucho más que el oro
y que todas esas cosas

se deshojaron los árboles
y maduraron los frutos
Flor de Mayo con un cesto
andaba en el huerto oscuro

silenciosa después vino
y en el huerto un fanal puso
después liberó los grillos
en las jaulillas reclusos

te dejo y quiero quedarme
quiero dejarte y me quedo
me muero si tú me quieres
si no me quieres me muero

"Te vas porque no me quieres
que si en verdad me quisieras
como dices y lamentas
no me herirías como me hieres

déjame ya con mis penas
que yo te quiero lo sabes
que mi amor lleven tus naves
que llevas el tuyo en ellas"

Ay qué va a ser de mis naves
si lo que más amo no llevo
y lo que llevo no lo amo
y no lo amo pues te dejo

la nieve sobre el mar cae
como levísimas plumas
mi nave espera en el puerto
con su blanca arboladura

así mi amada en el muelle
con sus lágrimas que enjuga
con el pañuelo de seda
que se me antoja de espuma

y antes de subir a bordo
me embebezco en su hermosura
sobre el mar la nieve cae
como levísimas plumas

mi abrazo busca su abrazo
su calor y su ternura
pero ella se haya sumida
en una pena profunda

lentas vanse por el mar
las naves a su fortuna
mi amada mira las naves
con ojos que el mar endulzan

después corre por la playa
después por cimas oscuras
en el aire andan las aves
que llaman las desventuras

y no era nieve en la arena
ni eran escamas que espigan
ni los restos de una anémona
¡sino sus anegadas pupilas!

por el valle de las olas
por última vez contemplo
aquellas luces que flotan
entre los navíos del puerto

entre los navíos del puerto
aquellas luces que flotan
por última vez contemplo
por el valle de las olas

lentos rodaron los soles
y los astros y las lunas
lentas las embarcaciones
y la tierra y sus criaturas

CORO:

Por el correo de las brisas
he recibido un suspiro
y en el suspiro decía
¡ay no me eches al olvido!

anoche soñé contigo
y ese sueño no soñara
soñé que tú eras un grillo
que su violín me tocaba

anoche soñé contigo
y ese sueño no soñara
soñé que eras un junco
que a tu casa me llevaba

anoche soñé contigo
y ese sueño no soñara
soñé que tú eras un libro
que en un cuento me besaba

anoche soñé contigo
y ese sueño no soñara
soñé que eras una alondra
que en un mástil me cantaba

anoche soñé contigo
y ese sueño no soñara
¡ay soñé que mil tormentas
tus velas arrebataban!

Flor de Mayo:

No valió ayunos ni frío
ni razones ni plegarias
imposible fue el olvido
remedio de las lágrimas
¡oh cielos!

solo las caricias tuyas
tu abrazo tu ardor tus besos
de aquellas horas nocturnas
claras y tibias del puerto
quería…

quiero anhelo muero vivo
y si esta falta perdura
haré de lágrimas ríos
que bajarán con premura
gemía...

ay bajarían con premura
al mar del que harían dulzura
solo por verte amor mío
solo por verte amor mío
moría...

y mi llanto se fue al mar
por el mar fue bajando
ahora el mar me está soñando
ay mecida en tu penar
¡recíbeme!


Högdalen, Suecia, 1996.






Ediciones Revista

Del libro <i>Relatos ingenuos</i>

Premio Regional de Relatos Campesinos del Ministerio de Agricultura. Región del Libertador General Bernardo O'Higgins . HISTORIA DE UN L...