miércoles, 5 de agosto de 2026

DONG Xiaowan

 EL ANILLO




Composición casual en la ventana verde

綠窗偶成 病眼看花愁思深,幽窗獨坐撫瑤琴

黃鸝p似知人意,柳外時時弄好音

 

Miro las flores con ojos enfermos, sumida en pensamientos melancólicos, sentada sola en la ventana apartada, toco la cítara decorada con jade.

Los orioles amarillos parecen entender la mente de la gente, desde más allá del sauce envían hermosos sonidos una y otra vez.

Poetisa DONG Xiaowan*




En el pórtico enramado de madreselvas, estaba la muchacha esperando al poeta desterrado de la ciudad.
Juntos conjurarían el maleficio de los mercedarios, gracias al anillo guardado por ella celosamente.
La sortija había sido traída por los mares a la América del Sur por silenciosos galeones hispanos.
Su forma, según cuentan romanceros del siglo XVII, era la cifra circular del sino de una princesa china de la dinastía Ming, obligada, tras la rebelión liderada por Li Zicheng, a huir de su palacio envuelta en humildes mantas, acompañada de eunucos convenidos en asilarla en un fumadero de opio, en el cual una noche conocería a un capitán andaluz.
El fumadero estaba ubicado junto a las aguas del Yangtsé, de cuya fresca esmeralda se extrajo el ojo de la sortija hecha de roca metamórfica.
Con el tiempo, la íntima joyita fue sacada a puertos de Occidente por el mozo español.
Pero el joven enfermó de gravedad, aun cuando, antes de morir, alcanzó en un instante de lucidez a depositar la prenda en la ahilada angostura del cristal de las horas, por ser el único lugar posible de permanecer sin marchitarse.
Por aquella época, los marineros soñaban con embarcarse en galeones a través de los mares del Pacífico, animados por los relatos de viajeros acerca de una ciudad colonial
en la verde Amerindia.
En esta zona, muchachas enamoradas se sentaban en la piedra del pórtico de madreselvas, embelesadas en la contemplación de fontanas de suspiros.
Además, se hablaba de esta esquina del mundo como de un reino de fantasías, por los prodigios vistos en cuanto llegaba la primavera.
Por ejemplo:
Brisas celestes enamoradas del aire.
O revoloteos de cartas venidas sin remitente.
O vagones de rosas de vagorosas eras.
O ecos de ambiguas batallas de constelaciones contra constelaciones; o de astrólogos árabes contra poetas enloquecidos de astros; o de faroles contra melancolías de crepúsculos. Como aquel crepúsculo en la piedra del pórtico de madreselvas donde la afortunada muchacha recibió la clepsidra de arena con la sortija sin ser vista por nadie. Sus pasos se pierden en el aire del olvido.
Se pierden hasta el otro crepúsculo de celestes brisas enamoradas del aire, porque con la nueva primavera, llegado había el poeta.
El poeta había sido desterrado por ironizar la santurronería de las sociedades literarias.
Sin embargo, él guardaba una carta sin remitente firmada por un capitán andaluz.
La carta había entrado revoloteando en su cuarto a la hora del crepúsculo.
En ella se le encomendaba la misión de guiar a la muchacha de la sortija a la puerta de una casa abandonada. En la puerta, los esperaría una aldaba.
Emocionados, corrieron por calles de cerezos floridos.
Corrieron cuidando de no toparse con gendarmes o comisarios de sociedades literarias.
Así, de pronto, se hallaron frente a la misteriosa casa, apenas dándole crédito a sus ojos.
Sin embargo, ahí estaba la aldaba.
Con mucho cuidado (él tenía su mano en la mano de ella), se acercaron y colocaron en el dedo de la aldaba maniforme, la sortija.
Retrocedieron y esperaron expectantes.
El ojo verde poco a poco se encendía e iluminaba la noche. En el aire se notaba cómo lo ponzoñoso que ponía mal a la gente, comenzaba a disolverse: el maleficio de los mercedarios.
El poeta se arrodillaba ante la muchacha.
La ciudad cantaba.
La primavera tenía reina.
La ciudad se escuchaba.
Decía su historia.
Atendía el silencio.
El trino de las aves.
Al día siguiente, toda la ciudad se reunió en la plaza a leer los signos originales de la Grande Morada, porque, solo en esta estancia, podían oír las voces de los viejos colonos atareados en la urbanización de la ciudad; o revivir, cada cual, su infancia o adolescencia.
El poeta recordó la suya cuando escribía, en su cuarto, los primeros versos junto a la ventana verde, solo por verla pasar con la doncella hacia el jardín poblado de magnolios, cerezos, cipreses, donde desaparecía, no sin antes mirarlo con encantadores.
Expectantes, mirándose, sosteniendo la joya en sus manos, se acercaban a poner, en la aldaba maniforme, la sortija cuyo ojo esmeralda al fin deshacía el ojos rasgados.
Es decir, la misma princesa china en el principio de otro ciclo, ahora reverenciada por el Concejo, los vecinos, los jóvenes.
Entretanto, en la piedra del pórtico de madreselvas, muchachas esperanzadas de amor, agasajaban al poeta de vuelta a casa.

 
13 /01/ 2006. Reescrito en octubre 2021.] 

 


*Dong Xiaowan (1624–1651) fue
una cortesana china, poetisa y escritora, 
también conocida por su seudónimo Qinglian.


















Dong ha sido descrita como la más famosa
cortesana de su época,
renombrada por su belleza y talento en el canto,
la costura y la ceremonia del té.
Vivía en el distrito del placer, el barrio de los burdeles, de Nankín. Al igual que otras cortesanas de finales de la Dinastía Ming, las cualidades morales de Dong eran enfatizadas entre sus admiradores
más que sus talentos.







oooooooooo

Al día siguiente toda la ciudad se reunió en la plaza a leer los signos originales de la Grande Morada porque solo desde este solaz obscuro de luz podían oír las voces de los viejos colonos atareados en la urbanización de la ciudad o ver cada cual su infancia o adolescencia.
El poeta recordó la suya cuando escribía en su cuarto los primeros versos junto a la ventana verde solo por verla pasar con la doncella hacia el jardín poblado de magnolios cerezos cipreses donde desaparecía no sin antes mirarlo con encantadores ojos rasgados.
Es decir
la misma princesa china en el principio de otro ciclo ahora reverenciada por el Concejo los vecinos los jóvenes.
Entretanto en la piedra del pórtico de madreselvas muchachas esperanzadas de amor agasajaban al poeta de vuelta a casa.




PIRJO

Behind her a man about
fifty, with dead eyes.

ROBERT MEZEY


Dama Blanca llaman los otros enfermos a esa mujer larga y canosa vestida de alba. A mí se me ocurre reina muy siglo veinte, si se le compara con las nobles de hoy. Sus enormes ojos están abiertos al cielo de Estocolmo y su voz habla de los pájaros que lo cruzan desde la infancia, aún cuando confunde los tiempos:

arden los pájaros volanderos en mis ojos heridos, sudan las manos sobre el teclado, añoran los pezones de la pubescencia las caricias del hombre, se constriñe el vientre voluptuoso, se cierran firmes mis muslos y mis rodillas huesudas para hacer más violenta la entrega...

arde el sol en las encinas, roen las ardillas las bellotas, suben por los brazos velludas manos y roen dedos gordos las bellotas de mis pechos...

trepan, se encaraman las teclas del piano por mi columna donde bajan y suben falseados, distorsionados, mozart, sentimientos...

flotan húmedas notas en la sala de diario como moscas obscenas...

observa, vigila el pastor luterano a mi madre que va por el recuadro superior de la ventana escalando las rocas en busca del mar hasta que desaparece tras ellas con la esperanza de mi redención...

ciegos...

qué ciego ha de estar el cielo para que su pastor allegue a mi cuello su aliento de alma ludida en la lascivia...

ciegos han de estar todos para no ver las pobres piernas púberes ardorosas que junto y abro incesante por temor al infierno y al cielo...

se enroscan los senos sofocados por la mata de pelo que arde en los hombros...

cansada estoy, padre...

turbina arrogante que mi santa madre no resiste...

andariega que llega cada tarde a las playas del báltico para enviar besos a su finlandia mientras la suecia en el mälar lavándose está  las manos pringadas y mi padre izando la bandera azul de cruz dorada y despatarrada...

sigilosas las tropas nazis cruzan a media noche los bosques...

¡dios santo! tanto pudor no comprendo si el cañón entra y sale una y otra vez arrojando su baba...

corro...

corro corro a la sala de baño chorreando las piernas...

¡ay madre santa! por poco la ternura del pecado me corta las venas tras el beso de tus buenas noches que con tanta impaciencia aguardaba cuando era la niñita de tus trenzas...

¡no resisto!... ¡no resisto!...

Los enfermos se han cansado de tantos desvaríos y obscenidades. Es cuando viene Annika, la enfermera, y le enciende el cigarrillo. Sin embargo, la Dama Blanca ríe y apunta los pájaros que vuelan por sobre los tejados calientes del verano y se sube la túnica de su senectud sin cesar de contar lo que acontece ante sus grandes ojos azules: su historia apeada del tiempo real. Sorprendente es el humo que brota límpido de sus labios lívidos, en contraste con el humo que se muestra en la pantalla del televisor: la guerra en los Balcanes, mientras una bandera sueca ligeramente flamea por la derecha de la ventana.






DONG Xiaowan

  EL ANILLO Composición casual en la ventana verde 綠窗偶成 病眼看花愁思深,幽窗獨坐撫瑤琴 黃鸝 p 似知人意,柳外時時弄好音   Miro las flores con ojos enfermos, sumida en pe...