domingo, 20 de noviembre de 2022

Del libro Relatos ingenuos

 












EL  ANILLO  

Composición casual en la ventana verde

綠窗偶成 病眼看花愁思深,幽窗獨坐撫瑤琴。黃鸝p似知人意,柳外時時弄好音

Miro las flores con ojos enfermos,
sumida en pensamientos melancólicos,
sentada sola en la ventana apartada,
toco la cítara decorada con jade.
Los orioles amarillos parecen entender
la mente de la gente,
desde más allá del sauce envían
hermosos sonidos una y otra vez.

Poetisa DONG Xiaowan*


En uno de los escaños del pórtico enramado de madreselvas de la plaza, la muchacha aguardaba al poeta desterrado de la ciudad.

Juntos conjurarían el maleficio de los mercedarios, gracias al anillo que ella ocultaba con celo.

La sortija había sido traída por los mares a la América del Sur por silenciosos galeones hispanos.

Su forma, según cuentan romanceros del siglo XVII, era la cifra circular del sino de una princesa china de la dinastía Ming, obligada, tras la rebelión liderada por Li Zicheng, a huir de su palacio envuelta en humildes mantas, acompañada de eunucos convenidos en asilarla en un fumadero de opio.

El fumadero estaba ubicado junto a las aguas del río Yangtsé, del cual se extrajo la esmeralda para el ojo de la sortija.

De la suerte de la princesa no se sabe mucho. Sus pasos se pierden durante la peste bubónica. O tuvo que huir, esta vez, de los manchúes no se sabe adónde.

Con el tiempo, la íntima joyita fue sacada a puertos de Occidente por un capitán andaluz.

Por desgracia, el joven enfermó de gravedad. Aun así, alcanzó en un instante de lucidez a depositar la prenda en la ahilada angostura del cristal de las horas, por ser el único lugar posible de permanecer sin marchitarse.

Por aquella época, los marineros soñaban con embarcarse en galeones a través de los mares del Pacífico, animados por los relatos de viajeros acerca de una ciudad colonial en la verde Amerindia.

En esta zona, muchachas enamoradas se sentaban en los escaños del pórtico de la plaza, embelesadas en la contemplación de fontanas de suspiros.

Además, se hablaba de esta esquina del mundo igual que un reino de fantasías, por los prodigios vistos en cuanto llegaba la primavera.

Por ejemplo:

Brisas celestes enamoradas del aire.
O revoloteos de cartas venidas sin remitente.
O vagones de rosas de vagorosas eras.
O ecos de ambiguas batallas de constelaciones contra constelaciones;
o de astrólogos árabes contra poetas enloquecidos de astros;
o de faroles contra melancolías de crepúsculos.
Como aquel crepúsculo cuando la afortunada muchacha recibió en el pórtico la clepsidra de arena con la sortija sin ser vista por nadie. 

Desde entonces ella aguardó (con la discreción que se le pidiera)
 a que llegara el poeta.

Él había sido desterrado por ironizar la arrogancia de las sociedades literarias.

Ignoraban que guardaba una carta sin remitente firmada por un capitán andaluz.

La carta había entrado en su cuarto del ostracismo como una mariposa Buho a la hora del crepúsculo.

En ella se le encomendaba la misión de guiar a la muchacha de la sortija a una vivienda abandonada en cuya puerta había una aldaba maniforme.

Cuando al fin se encontraron, 
corrieron emocionados por calles de cerezos floridos.

Corrían y se cuidaban de no toparse con gendarmes o comisarios de sociedades literarias.

Hasta que de pronto se hallaron ante la misteriosa vivienda.

Se aproximaron al frente de la puerta y...,
ahí estaba la aldaba.

Un gorrión, desde más allá de los sauces, enviaba hermosos sonidos.

Con mucho cuidado (él tenía su mano en la mano de ella), se acercaron y colocaron en el dedo de la aldaba maniforme, la sortija.

Retrocedieron y esperaron expectantes.

El ojo verde poco a poco se encendía e iluminaba la noche. En el aire se notaba cómo el maleficio de los mercedarios. que ponía mal a la gente, comenzaba a disolverse

El poeta se arrodilló ante la muchacha.
La ciudad cantaba.
La primavera tenía reina.
La ciudad se escuchaba.
Decía su historia.
Atendía el silencio.
El trino de las aves.

Al día siguiente, toda la ciudad se reunió en la plaza a leer los signos originales de la Grande Morada, porque, solo en esta estancia, podían oír las voces de los viejos colonos atareados en la urbanización de la ciudad; o revivir, cada cual, su infancia o adolescencia.

El poeta recordó la suya cuando escribía en un cuaderno los primeros versos junto a la ventana verde de su cuarto solo por verla pasar con la intitutriz hacia el jardín poblado de magnolios, cerezos, cipreses, donde desaparecía, no sin antes mirarlo con encantadores ojos rasgados.

Es decir, la misma princesa china ahora en el principio de otro ciclo, reverenciada por el Concejo, los vecinos, los jóvenes.


13 /01/ 2006. Reescrito en octubre 2021.













*Dong Xiaowan (1624–1651) fue una cortesana china, poetisa y escritora, también conocida por su seudónimo Qinglian.
Dong ha sido descrita como la más famosa cortesana de su época, renombrada por su belleza y talento en el canto, la costura y la ceremonia del té. Vivía en el distrito del placer, el barrio de los burdeles, de Nankín. Al igual que otras cortesanas de finales de la Dinastía Ming, las cualidades morales de Dong eran enfatizadas entre sus admiradores más que sus talentos.






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