lunes, 5 de abril de 2021

ENSUEÑOS (Poesía de infancia)


El cuaderno con estos retoños, que conservé durante prácticamente toda mi vida, desapareció cuando me vine de Santa Cruz con mi familia a vivir a Chillán. Estaban escritos con tinta

En él notarán palabras como "barriada", "rollizo", "jamelgo", "zaino"; o expresiones como "corcel de oro", "eglógica yérguese la luna", "dios Baco", etc. Estas indican que los sones del modernismo de Rubén Darío estaban presentes en los hogares, como los de ningún otro autor. Además, estas palabras y expresiones, demuestran que la vida literaria de un autor comienza cuando establece una relación con la palabra.

Este cuaderno lo agrego a la lista de publicaciones, como testimonio.


Chillán, 5 de abril de 2021.  

 

EL JARDÍN DE LA FANTASÍA


Los parajes que la fantasía ocupó en sus primeras intentonas de volar hacia los ensueños embelesadores, lo conformaron en gran medida el jardín de uno de aquellos chalecitos que se levantan burlones en medio de la humilde barriada de Las Rosas. Esta última, era un fragmento de calle, de esos ocultos en los suburbios chillanejos, franjado de conventillos negros y humeantes, por cuya tierra árida y estéril los niños harapientos corrían descalzos tras una rueda. Al fondo, estaba el estero Las toscas que, gargarizando, deslizábase entremedio de sauces y casuchas encaramadas en las riberas, retorciendo sus cuerpo verdoso de cuando en cuando en algún recodo que ocultaba la zarza espesa, mientras en la explanada, alguna gallina escarbaba disimulada en los tupidos matorrales, y un cerdo rollizo y un jamelgo zaino, se entretenían en ramonear los retoños tiernos sumidos en las matas de galega.

    El jardín era todo mi mundo. Claveles, rosas, más una variedad de plantitas, tendían una delicada alfombra a cualquier pie. Un chalecito por el que apegados a sus murallas amarillas crecían las enredaderas hasta encaramarse en sus aleros, desde donde descendían hacia diferentes costados, colgando sus guías con preciosos paragüitas morados, dándole un aire real a toda sus geografía.

    Era un lugar blando al cual podía caerse mil veces sin dañarse las alas, la fantasía. Un vasto mundo, pletórico de dulzura e inocencia, en el que ocupaba atardeceres enteros en recorrer, sin dejar de percibir el más mínimo detalle: desde el latir de una semilla a la aparición de las mariposas cuando ya es flor. Mezclando la realidad con la fantasía, sintiéndome más pájaro que niño. ¿Cuántos romances no tuve con las rosas y las amapolas? ¿Y los celos del clavel? ¿O la terquedad odiosa del lirio? En fin, todo esto fue en su tiempo, mi realidad, un universo más factible, existencia social que educó y formó como es mi corazón. Reminiscencias que al hacerlas, vienen alentar mi vida; un alto en la larga ruta para detenerme un poco a mirar hacia atrás; así sentir de nuevo aquel instante que atardecía lúgubre y triste con pesada laxitud, quebrando sombras por la calle soñolienta, dorando los tejados musgosos y las flores del jardín.

    Recuerdo que todo era un letargo suave que iba encadenando las cosas en una inmovilidad completa. Detenían los niños su loca carrera por el barrio, cediendo impasibles sus fuerzas a la quietud del ocaso primaveral. Bordeando las posas cenagosas, cubiertas por el vaho chisporroteantes del mosquerío, como tristes máculas, los mendigos oraban al dios Baco... Nadie podía zafarse de ese vínculo que los ataba a una misma amarga realidad; salvo yo, que tal como ahora, me despego y rompo todo magnetismo para emprender vuelos donde mi alma y la fantasía quieran.

    He atravesado rápidamente el tiempo. Soy la estrella ajena y solitaria corriendo por el cielo...

    Desde el jardín, contemplo un horizonte cercano, fuliginoso, por el que paulatinamente declina el día en su carro y corcel de oro, brotando a sus pies una polvareda de rosas y violetas heridas, en un pulir de cascos.

    En vuelo desarraigado, salta un murciélago de entre castaños y acacias, hasta perderse en el vaho del estero... De repente, sin darme cuenta, eglógica yérguese la luna por encima de espesas nubes.

    Toda el alma extasiada; mis ojos cautivos por cada detalle. El ensueño vaga en el espacio. El sol cierra sus capullos rojos en los mares. La brisa sutil y fresca sacude los rosales del jardín y enjuga los párpados humedecidos y pálidos. Y por entre la malla de alambre, mi alma escapa al infinito.

    La noche se ha acercado. Hiela mis labios, y se divisan apenas los detalles: a la forma procede la sombra, en los ojos, menos luz. Y yo nada entiendo. Todo escapa. Cobran vida las flores y el paisaje. Es un girar largo que disminuye y ya vuelve todo a su lugar. Pero comienza ya de nuevo esta sensación...

    La estrella tirita, mis ojos nublados la ven. Giramos en universo entero, disminuyendo después. Un griterío ensordecedor de rosas y amapolas. La luna canta, la nube danza y la estrella cada vez más cerca, apenas me deja ver. Ay, de este vuelo que no puedo aprender... Se me resbala el aire por las plumas, los pájaros ríen a carcajadas de mi fatalidad...

    Los conventillos negros y humeantes; la riña de puño y acero de lo ebrios; la algarabía de las remoliendas nocturnas; el pan sucio en los rostros famélicos y moquillentos de los niños del barrio, se han disipados del paisaje, tornándose en un universo azul y rosa. Algo así como dentro una pompa de jabón.

    Finalmente la noche se vino silenciosa. La brisa fresca recorría cariñosa el jardín y un aroma a claveles confundido con el de la humedad de la tierra recién regada, abrigaron finalmente mi cansado cuerpo que un rato antes había volado largo largo en sus primeras intentonas hacia el sueño embelesador... Abrigo del que carezco hoy.

.


ENSUEÑOS


1965, Chillán, Chile. En esta edición artesanal, el joven autor reunió parte de su poesía y prosa escolar ( la escrita desde los 10 años).


A modo de introducción


 No dirás nada

si esta vez lloro

y mañana canto,

si esta vez desprecio

y mañana imploro.

No dirás nada.

Y no dirás nada

si me marcho

No dirás nada

si me voy al mundo

en pos de los ensueños.

Así quiera y no quiera,

hoy la lluvia y mañana el sol.

Por mi carácter ligero,

por mi risa y por mi llanto,

no dirás nada.

Por lo que el mundo hace,

por lo que ambos somos,

no digamos nada

y que el mundo de los ensueños

nos dé la razón. 

 Quizás si echara a volar mi alma por el mundo

las cosas que hoy me hablan, callarían entonces.

Vendría un letargo suave, tierno, acariciador

a reposar mi cansado cuerpo. El amanecer

tornaríase turbio, un hastío el ocaso;

un ruiseñor con la lira rota tendido en el pasto,

todo un sol desteñido asomado en los ventanales.

Y mientras ella volara, viento flojo entre los árboles,

el mágico magnetismo de las cosas romperíase,

aislándome en la indiferencia de los días. 

 Soy el sueño que va de estrella a estrella.

Llevo amapolas prendidas en mis cabellos

y una laguna con cisnes en los ojos.

Hablo del amor como quien habla de milagros,

o de un fragmento literario, amoroso y apasionado.

Converso por todas partes con los pájaros.

Un girar de versos en un mundo vasto.

Tarde después acompaño al sol

y platicamos de la vida y geografía…

(desde cualquier parte agito mis lágrimas).

Soy el sueño que se alimenta de poemas y música,

o de granitos de sol disueltos en mar. 

Nadie dice nada al oír mi canto.

Todos callados observan.

Ven mis ojos derretidos y se marchan.

Unos corren despavoridos,

otros se ocultan en el barro,

caen, son pisoteados,

claman pero nadie detiene la huída.

Soy el sueño, tendido en las nubes,

sentado en la luna masticando rayitos de estrella,

o bebiendo luz de luna. 

 ¡Oh, vida, qué hielo!

La carne mía y los ensueños,

nieve derretida por mis venas.

¡Oh, vida, qué hielo!

Lejano el mundo:

chisporrotea en el piélago del universo,

solitario quedo.

Murmullo de viento en el espacio,

añorado beso.

Sabor de luna mi aliento.

¡Oh, vida, qué hielo!

Invierno es el Cielo,

nubes negras y pesadas mi destino,

mi canto, lamento de musgo en la cordillera.

¡Sol disuelto!

¡Polos dormidos estos ojos que fueron siempre tuyos!

¡Oh, vida, qué hielo!

Silencio, frío, nieve, escarcha

cubren la piel y los cabellos

y cada rincón donde tu voz

hizo recodos.

¡Oh, vida mía!

¡Oh, vida, qué hielo! 

 





No hay comentarios:

Publicar un comentario

RELATOS INGENUOS

x   CORO Preámbulo: ¿Por qué demora el olvido si yo no he de verte más? en la soledad que vivo nada saco con amar como a una imagen querida...