TEXTOS DE ESPECIAL MIXTURA
Todavía me pregunto por qué escribía crónicas si me ocupaba más en escribir poemas y narraciones y, a veces, comentarios críticos, y si no veía en ellas una relación directa con la literatura, al punto que era descuidado al escribirlas y despreocupado de conservarlas, contrariamente como he sido siempre con el resto de mis escritos.
Pero, pensándolo bien, es probable que la respuesta no esté en mí sino en la crónica como género en sí mismo.
En nuestro continente hay cronistas señeros: Francisco Núñez de Pineda y Bascuñán, Joaquín Edwards Bello, José Martí, Manuel Gutiérrez Nájera, Rubén Darío.
Mi atención se detiene en José Martí, fundador de la crónica modernista, porque la establece como especial mixtura de poesía y ficción, en la que brotará la tradición literaria latinoamericana.
«Y la crónica está allí, desde el principio, amenazando la claridad de las fronteras», nos dijo Susana Rotker.
Entonces comprendo, entiendo por qué.
Es que la crónica ha estado siempre ahí cada vez que nuestro espacio se ha visto constreñido y amenazado; cuando tenemos que cuidarnos en lo que decimos, así sea perentorio decir lo que se tiene que decir, porque tenemos que rescatar la palabra que es identidad y, por tanto,vida.Por eso en ella hay—a su manera—, reflexión, memoria, impresiones, testimonio y esperanza.
Como en las "Crónicas de Esdras".
Otoño, 2017.
Harold Durand
CRÓNICAS DE ESTOCOLMO
Uno siempre espera que se le ocurran grandes ideas en momentos cruciales, pero no, en su lugar dice cosas que nunca se le pasaron por la mente.
Por ejemplo, la vez que avisté a Suecia desde la ventanilla del avión a unos cinco mil metros de altura, lo primero que se me vino a la cabeza fue la visión de Nils Holgersson montado en un ganso, sobrevolando las provincias suecas: los campos bien dispuestos, sin cercos de zarzamora ni alambradas, como un mantel cuadriculado de cocina, y los lagos me parecían charcos entre matorrales habitados por gnomos y brujas. Strindberg, el gran dramaturgo sueco, ni cerca estuvo.
Era principio de primavera.
Al día siguiente me sacaron a pasear por la Ciudad Vieja. No podía creer que por esas mismas calles angostas y torcidas pasearon durante la Edad Media cerdos, gallinas y ovejas como Pedro por su casa; que lo que había sido barro e inmundicias, fuera hoy una postal limpia para turistas. De pronto era la Edad Media de Birger Jarl, de pronto la Suecia de Olof Palme.
Aquella noche primaveral estuve escuchando a mis amigos decir que esta sociedad tiene lados buenos y lados malos; lo importante era no perder la identidad. Y así poco a poco comencé a echar de menos la noche, porque no alcanzaba a cerrar los ojos que ya era día.
—En todo caso no será por mucho tiempo —me dije.
Luego vino el social.
Y la profe de sueco.
Después la maravilla de ver a las muchachas con los senos al sol en las playas de Fridhemsplan. Confieso que a esa altura del partido estaba yo todo alborotado.
Y la maldita espera de no saber qué. Sólo la nieve, linda hasta el fastidio.
Los mitos se hacían trizas. En vano mi lucha por conservar mi identidad. Inútil tratar de pegar los trocitos que caían cada noche al piso de hotel de inmigrantes.
Mi añoranza se puso larga como la esperanza del pobre.
Juraba por no sé qué cosas como San Juan de las Buenas Peras que no me dejaría confundir.
No diré el lugar común de que el tiempo volaba, porque no volaba. No existía sencillamente. Sólo existir con la necesidad imperiosa de comenzar a hablar en un nuevo idioma.
Al fin llegó ese don, aunque de mala gana, y el contacto real con los suecos se produjo.
Pude leer el diario, entender lo que pasaba en la tele y las expresiones en el metro, y chapurrearlo
incluso con ellos. En casa decía:
—Estuve conversando con Anders sobre lo que es la identidad. ¡Estos suecos son muy choros!
Ni que hubiera estado conversando en castellano con Juan Pérez.
Era el tiempo de las mentiras consoladoras.
Los desencantos vendrían a la cola:
—¡Estos suecos son unos falsos de mierda!
Había llegado el tiempo de las injusticias, en que los nuevos mitos también se trizaban y caían, y el tiempo de nuevos aprendizajes: o me quedaba ahí para siempre, resentido, o aprendía la lección.
Ahora las muchachas no parecían tan deliciosas ni les miraba boquiabierto sus pechos desnudos.
Acalorado discutía, en cambio, acerca de la inmortalidad del cangrejo, es decir, del socialismo real.
Llegaba la hora de revisar todo y de plantearse el «me quedo o me voy».
Me quedé y me asuequé, aunque con los sonidos chilenos:
—Hoy comeremos “korbo” y “potatis”,
porque ayer comimos “chetbular”.
—Voy al ICA a comprar “filmiel”.
—La “frequen” llamó hoy.
—Vivo en un “trea”.
—¿Dónde queda tu “leguenjet”?
—¿Compraste “monascurt”?
—“Invandrare”?
—Miquefin!
—“FIIIIFAAANN!!”
*korvo (korv)= salchicha
Potatis (potatis)=papas
Chetvular (kötbullar)=albándigas
Filmiel (filmjölk)=jugur
Frequen (fröken)=señorita, profesora
Trea (trea)=apartamento de tres piezas
Leguenjet (legenhet)=apartamento
Monascurt (manadskort)=carta de viaje mensual
Invandrare (invandrare)=inmigrante
Mikefin (mycket fin)=muy hermoso
FIIIIFAAANN!! (Fy fan)=garabato sueco
Högdalen, diciembre, 91.
EN UN HOTEL DE REFUGIADOS
¿Qué será de esta mañana? ¿Qué irá a ser de ella? La niebla jabona el asfalto por donde se deslizan automóviles amodorrados.
Hay quietud; ni olor a pólvora siento. Pero, ¿cuántos amanecieron vivos? ¿Cuántos? Y he
soñado toda la santa noche con mujeres desnudas.
Si pudiera seguiría durmiendo, continuaría nadando, braceando en el mar blanco y tibio de mi cama como un gran fauno con su manada de hembras.
En general el día se ve sucio y arrugado como sábana de hombre solo.
De pronto se me ocurre pensar en la máquina que aspira basura por las líneas férreas de la Estación central del Metro, y toda la actividad del mundo se me antoja aquel enorme armatoste que va embuchando latas vacías, vainas de fusil, jeringas, huesos...
También se me ocurre pensar en lo que estoy haciendo; entonces veo a toda la mismísima Escandinavia que levanta una caja de yogur y la vacía en un plato con hojarascas de maíz.
Olor a pan tostado, y una gran ola de mantequilla se alza y desliza por el planeta, saciando el hambre del tercer mundo.
Pero aún hay fuego bajo las cenizas. Y sin tener panal ni reina esta abeja sudorosa, si soñé toda la noche con peces, que yo era un pez, si soñé que era molusco, si soñé con ríos espesos, con pozas, la mañana se me antoja obscena, inútil y tonta.
Bueno, debo seguir los cursos. Bajaré a la lavandería con el atado de ropa y las Residencias de Neruda.
Esos es todo. Después sigo.
Estocolmo, 1984.11.2
RIÑONES DE TERRILOQUILLO AL JEREZ
En el planeta de los chanchitos ha ocurrido una crisis alimentaria: se ha agotado la carne. La causa, dicen, es el extraordinario aumento de la población, pese a todas las medidas de control de la natalidad que durante este centenio se han tomado. Aunque algunos sostienen que la crisis se debe lisa y llanamente a que los marranitos se han puesto más golosos que nunca, fenómeno que los cientistas no se lo habían esperado.
Lo cierto —ya poco importa las razones— es que han lanzado sus naves hacia diversas direcciones del cosmos con una exclusiva misión: hallar el sanguinolento alimento lo más pronto posible.
Una de ellas, para fortuna de los cerditos, ha dado en el planeta Tierra.
—¡Oink! ¡Oink! — transmiten a su planeta.*
La alegría estalla en todas partes. Un verdadero carnaval porcino anda por las calles.
En la tele, expertos debaten sobre el tema. Un sexólogo sostiene que la carne de terrícola contiene sustancias afrodisiacas, por lo que recomienda tomar las precauciones del caso. Un economista asegura que el problema alimentario fundamental estaría resuelto para los próximos doscientos años, por lo menos. Y en las escuelas y guarderías, motivan a sus alumnos para que dibujen unos simpáticos terrícolas; luego, cantan:
terrícola hoy
terrícola mañana
terrícola ¡mnnn!
toda la semana
El colmo es la «Oda al caldillo de terriloquillo» que escribe un famoso poeta.
Los primeros cargamentos de carne humana se agotan en un par de horas.
Hay manifestaciones callejeras por algunos negocios no muy santos, y los titulares de la prensa alharaquean no otra noticia que esa.
Pronto, la vida, tras un par de semanas, comienza a normalizarse.
En el boulevard del centro, vendedores callejeros ofrecen miniaturas de humanoides que si uno les aprieta el ombliguito, sacan la lengua. En los quioscos, las revistas de damas exhiben en sus portadas platos servidos a base de terriloquillos, muy decorados, que son verdaderas naturalezas muertas. En los Mac Gordan comienzan a aparecer hamburguesas de terrestres que la juventud suele acompañar con una muy helada Rosca Cola.
Pero lo que derrite las papilas a los cochinillos es el programa La Cuisine de Pierre Cochon que se transmite por televisión justo al mediodía.
Las cámaras enfocan el hábitat de las humanos seres, la Tierra: playas donde retozan semi desnudos; las ciudades donde van y vienen, pese a tantos vehículos que también van y vienen; por último, montañas ... Aquí las cámaras se enfocan en un ejemplar que se desliza por la nieve mientras un chorro de whisky cae en un vaso. Se comienza a oír música al estilo de los filmes de Jame Bond en el momento en que el pobre —tras un slalom— cae en la red fatal. WHISKY ON THE ROCK, dice la propaganda de la bebida etílica.
Ahora las cámaras se dirigen al interior de un matadero donde cuerpos cuarteados cuelgan de las barras. El zoom se acerca a la imagen de una mano que se introduce por las costillas abiertas y sale con un manojo de riñones empapados en sangre oscura.
Corte.
Cajas —etiquetadas con figuras de riñones— van por cintas hasta los camiones que las transportarán a las naves que ya cruzan el espacio sideral.
Un nuevo corte para mostrarnos —de vuelta al planeta de los gorditos— a Pierre Cochon entrar en un supermercado y detenerse en un puesto a comprar una porción de los órganos humanos.
Finalmente la cocina del programa —monona y moderna— con las vísceras sangrantes junto a filosos cuchillos, y la receta que los marranos saborearán esta noche a pesar de las protestas de ecologistas y de protectores de animales.
*¡Hemos hallado carne! ¡Hemos hallado carne!,
en lengua de porcino.
Högdalen, otoño, 1994
EL MONO CIBERNÉTICO
El judaísmo predica que Dios creó al hombre de un puñado de barro y de la costilla de ese engendro, su compañera. En América Central, un mito cuenta que fue hecho de madera. Y no faltan los que afirman de que venimos de una estrella.
Fantasía o metáfora, depende de cada uno.
Los científicos en cambio nos ven como producto de la evolución: vendríamos de una cierta clase de monos. Y es la teoría que se ha establecido como un hecho. Partamos entonces de lo que se afirma al hablar de su último eslabón: el homo cibernético, o “mono cibernético”, para que nos entendamos.
El trabajo manual del mono lo hizo hombre, es lo que se dice, ya que gracias a esto los huesitos de la mano se fueron deformando con buen fin y con ello toda la cadena que va hasta el cráneo, o el “coco”, en lengua primate. Un coco que se llenó de ideas.
Una de ellas —como escribe Erich From— fue el dogma, es decir, la Iglesia; la otra, la ciencia, es decir, la bomba atómica. Y como nos gustan los espectáculos, como cuando señalamos Las siete maravillas de la Antigüedad, digamos que estas son dos de Las no maravillas de la Inteligencia.
La técnica, es otra, y su boom, la cibernética.
En mis manos tengo un ejemplar de PC hemma, revista mensual de computación. En ella viene un artículo con un título que me llamó la atención: «Ten control de tu ordenador». ¿Interesante, no es cierto? Y más interesante les parecerá después de que se enteren de que el disco de regalo que venía incluido, contagió con un virus mi pobre IBM.
“FORM” se llama el bicho de los cerca de 4000 que se han detectado.
«Ten control de tu ordenador», nos dicen. ¡Dios nos libre!
Åke Pettersson, jefe del proyecto de la exposición que tuvo lugar en Älvsjö durante la primera quincena de noviembre, escribe:
«La sociedad se halla hoy en día en un punto de ruptura (brytpunkt). Según nuestras investigaciones, 368.000 de 1,4 millones de estocolmenses entre 9 y 79 años en la región A, tienen un ordenador. 103.000 piensan comprar uno.» O sea, cada día somos más los monos cibernéticos aquí en Estocolmo.
¿Pero qué es en realidad un “mono cibernético”?
Es un ente que apuesta todo a la cibernética. Mi amigo Bengt, experto en computación, sostiene que no hay poemas malos puesto que es sólo uno de los pasos del ideal. Significa esto que matemáticamente el ordenador podría darnos el perfecto si tuviéramos la paciencia y la vida para ir por todas las variantes. Lo mismo sucedería con La Giaconda
de Leonardo de Vinci, que resultaría, me asegura, mucho mejor que el mismísimo original. Factible o no, las preguntas dejo a los lectores; pero es esta precisamente la nueva fe del hombre moderno, una fe —con un millar de virus cibernéticos— que lo
lleva a creer que ya no se necesita más talento que el dominio de los centenares de programas que se pueden introducir en un ordenador. Y por esta maldita superchería técnica, el que en un tiempo era mono que salía a recolectar bayas y frutos o trozos de silicio para sus flechas de caza, hoy en día lo vemos ir de brinco en brinco de un lugar a
otro tras los preciados programas de ordenadores.
¡Qué cerca estamos de repetirte la broma de la Torre de Babel, Dios mío!
Recuerdo un cuento:
Un hombre compró en un anticuario una lámpara que resultó ser mágica. Con solo frotarla aparecía un genio que cumplía el deseo que se le pidiera. El hombre pidió 200.000 coronas suecas. Al día siguiente recibió un telegrama que le anunciaba que
la aseguradora le daba 200.000 coronas de indemnización por su hijo muerto accidentalmente en la fábrica.
Del mismo modo razonan los ordenadores: ellos cumplen las órdenes sin importar el cómo. Simplemente porque ellos no son humanos.
Pero lo que me pone los pelos de punta son los políticos cibernéticos.
Como ya se sabe, cibernética es organización, y con esta idea se cree también posible la organización de la sociedad. ¿Se imaginan? ¡Todos a parar al disco duro! No, gracias. Yo prefiero seguir siendo Homo Sapiens, u Homo Amoris, o lagartija, o la más pequeña de las avecillas o cucarachas del jardín. Y si no me dejan ser ninguno de esos sabios seres, déjenme por lo menos ser larva de los muertos, pero viviente para seguir siendo testigo de la La Única Gran Maravilla del mundo: la vida y sus temblores.
Högdalen, 1994.11
Día de Todos los Santos
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REINA DE LA BELLEZA
Novedad o asombro ha sido para muchos latinoamericanos residentes en Suecia el concurso de misses convocado por latinoamericanos.
Íntimamente me alegran estas cosas, aunque tenga muy buenas razones para desaprobarlas.
¿Inconsecuencia? ¿Incongruencia? Sí, a lo mejor, como muchas otras que cometemos a diario cuando la vida supera nuestros esquemas basados en el principio lógico de si no es blanco, es negro, de si no está maduro, está verde, de si no hace frío, hace calor, etc. O puede suceder que la propuesta sea buena pero mal propuesta. Puede ser. ¿Cómo?, preguntará alguien, y volvemos a lo mismo. Si no es blanco, es negro...
Yo creo que los concursos de belleza tienen algo de esa contradicción o paradoja como es nuestra cultura. ¿Qué distancia hay entre un campeonato de fútbol y un concurso de belleza? Una muy corta: en ambos ganan los que tienen mejores piernas..
Yo sé que ustedes dirán “nada que ver”. Pero yo insisto: sí, en alguna parte de todo esto que parece una broma, hay algo que tiene mucho que ver y que es inexpresable, como es la realidad que no es ni negra ni blanca.
Sigamos pensando:
Cuando Ud. despierta a media noche, ¿qué es lo primero que quiere saber? La hora, por supuesto. ¿Y por qué? Porque Ud. está pensando en el día. Y durante el día Ud. mira la hora a cada rato para saber cuánto queda para que llegue la noche. O sea, está pensando en la noche. Y en invierno piensa en el verano, y en el verano, en el invierno, y durante su vida, en la muerte... ¿No ha dicho alguna vez que Ud. seguramente va llorar porque esta tarde se ha reído mucho? Es lo que llamamos paradojas. La risa no siempre es alegría. Puede ser un ataque de nervios. También uno llora de alegría. Duele el estómago de tanto comer y de no comer nada. ¿Me comprende? Entonces estará de acuerdo conmigo en que el concurso de belleza... Bueno...¿Qué decir, no es cierto?
Tiempo de hablar de la belleza de la personas.
¿Son las suecas más lindas que las latinas?
Según los cuentos de hadas con los que promovía el racismo, parece que sí, porque son rubias y blancas, aunque algunas tengan las manos de un orangután. Según otros, las latinas, porque Ud. sabe.
Camino equivocado. Es demasiado subjetivo.
Ortega y Gasset, el filósofo español, nos hablaba del punto de vista o el perspectivismo. Es decir, existen tantas realidades como puntos de vistas, y eso
es bastante convincente. Por ejemplo: un país tiene un punto de vista, y el otro, otro, etc. Y si hay diferentes puntos de vista, hay también culturas diferentes, gustos diferentes, conceptos de belleza diferentes. ¿Cómo ponerse de acuerdo? Imposible en ese plano.
Una tarde caminaba por la Calle de la Reina y vi a una muchacha de origen japonés o chino, parada ante una vitrina comercial. Muy pálida, bajita, delgada. Sus medidas estaban muy lejos de acercarse al croquis de Leonardo de Vinci. Pero no fue precisamente su cuerpo el que me atrajo sino la expresión femenina de satisfacción al ver los vestidos en el escaparate. Luego giró la cabeza hacia el sol y con la mano izquierda se echó el pelo hacia la espalda, y con la otra acomodó la cartera. Después cruzó los brazos a la altura del vientre y dejó una pierna en posición de descanso. El sol hacía relumbrar su cabello negro y su piel. Su mirada la topé en el cristal de la vitrina. No necesité más para considerar que era la mujer más bella que había visto durante todos los años de mi vida en Suecia. Una belleza que me cautivaba porque en muy pocos gestos, perceptibles apenas, podía expresar ella los sentimientos más bellos del ser humano: emoción, curiosidad, asombro, alegría, pena, etc. Y fue mi descubrimiento: una nueva noción de la belleza femenina y la convicción de que no hay personas menos bonitas, en cuanto hay sentimientos.
Imaginémonos una escena de ciencia ficción (discúlpenme, pero es un método que yo suelo usar para comprender mejor los hechos; el principio es huir de la subjetividad):
Un extraterrestre que hace un para de horas nos visita anónimamente observa, oculto tras un árbol del bosque, a una muchacha que juguetea con su perro. Ella ríe, brinca, corre, baila, se enoja, en fin. En un momento el perro se clava una espina en una de las patas. El animal se queja de dolor. Ella corre y con mucho cuidado le arranca la espina. Ella llora, lo abraza con mucha ternura, lo acaricia, lo arrulla... Todo esto lo observa el extraterrestre asombrado, así como los ángeles contemplan a Dios, según ese hermoso verso de Dante.
—¡Qué ser más bello! —se decía una y otra vez el extraterrestre.
Sí, los sentimientos humanos, la riqueza espiritual, son nuestra belleza. ¿Qué tiene que ver lo físico? Muy poco y mucho. Depende. La salud, por ejemplo. Nosotros debiéramos aprender a vernos con los ojos del visitante del bosque. Si lo hiciéramos, poco importaría un concurso de belleza o algo que se le parezca, es decir, sería lo más natural del mundo. No sería discriminatorio.
Es todo lo que puedo decir del concurso de belleza. Casi nada, dirán algunos; mucho, dirán otros...
1994.11.28. Högdalen.
EN MEDIO DE LA NATURALEZA *
Con un poco de fantasía imaginé la vida social compuesta de animales sociales, o sea, de seres que sienten y se mueven por sus propios impulsos en la jungla llamada sociedad sueca; y que estaba frente a las cámaras televisivas hablando en un programa de naturaleza, de la especie homo latinus americanus.
El programa se veía así :
(Las cámaras me enfocan en el estudio. Al fondo, una imagen fija de la jungla.Estoy sentado hojeando una enciclopedia ilustrada mientras hablo.)
El sueco Karl Linnesson en su voluminosa
enciclopedia Nya Sociala Arter (Nuevas especies sociales), Bokförlag Södra Korset, 1974, Suecia), anota que los primeros ejemplares de esta especie fueron visto
merodeando el Paso de la Reina a principios de la década del 60 y que proliferaron en gran número durante la década del 70. Su emigración de América Latina, según el propio Linnesson, fue provocada por un engendro conocido con el nombre de gorilus
militari, que la habría atacado sangrientamente. El profesor de latinoamericanología de la Universidad de Ljung, sur de Suecia, Johan Peresson, en un
artículo del Kulturell Bolletin Noaks Ark del 30.2.74, Estocolmo, señalaba: «Su aclimatación se hace extremadamente difícil debido a las heridas incurables y dado que los nutrientes que le dan vida sólo existen en el habitat de origen».
Sin embargo, gracias a la ley de la necesidad crea el órgano formulada largamente por Charles Darwin en 1859 en su famosa obra El origen de las especies y su evolución natural, el homo latinusamericanus se salvó de la extinción y derivó en una serie de subespecies o clases según su respuesta a
la necesidad de sobrevivencia en un medio ya habitado por otras especies, como el nordicus, el arabicus, el africanus, etc.
Pasemos, entonces, a mostrar algunos ejemplares de homo latinus americanus:
(Ahora las cámaras enfocan el ambiente de la jungla.)
Lo que Uds. están viendo es el lameculos, que en su febril afán de metamorfosearse en un nordicus ha llegado a comer surströmming (arenque fermentado del Báltico, que huele a excremento y que sólo el nórdico come), pero que, traicionado por sus intestinos, ha debido correr a los matorrales a arrojar la pudrición. Su rasgo más notorio es el de escupir a los de su especie.
En el otro extremo vemos el estoico, a quien no le importa un comino la jungla sueca. Suele vérsele andar a la caza de alimentos que le recuerdan su hábitat. La nota curiosa es que nunca se se la visto en el Viejo Bosque.
Otro ejemplar interesante es el catacaldos. Su nombre lo debe a la costumbre de ir de un lugar a otro probando una cosa y otra.
Y ese que Uds. ven sentado junto al lago es el cipote o tragón.
El otro, ejemplar muy simpático, es el chirigotero o bromista.
Entre los abetos distinguimos el deslenguado, el obsceno pájaro de la noche, el maromero, el paleto y el zopenco, de hábitos rústicos y agresivos.
El que se acerca a las cámaras, es el macareno o jacarandoso, quien se las ingenia para lucir como pavo real.
Luego vienen los increíbles: el cabalista, el
nigromántico, el tragasables y el creso, todos habilidosos en el engaño y en el robo.
Los ejemplares más débiles son el melancólico, el vesánico y el quimérico.
El más escurridizo es el tártaro, una especie de anarquista en descomposición.
(Las cámaras vuelven al estudio. Al fondo una imagen fija de la jungla. Sigo hojeando la enciclopedia ilustrada.)
Durante el último tiempo, se han podido divisar los mixtos, es decir, los pareados con nordicus u otras especies, procreando hermosas crías que prometen mejores épocas en la jungla.
Sin embargo los ejemplares más abundantes son los encantadores bailarines y musicantes; los solitarios fotógrafos y artesanos; los revisteros y académicos; escultores y pintores que intentan el oficio de los dioses; el histrión, el titiritero, el saltinbanqui y el teatrista. También
los levos que van infundiendo optimismo en la lucha por la sobrevivencia. Y los juglares, trovadores, copleros y rapsodas que escriben enigmáticos signos en las
hojas y cortezas. O el aforista, ejemplar único que goza de gran prestigio cuya extinción alarma tanto a científicos como a las organizaciones mundiales de protección de la naturaleza.
(Vuelven las cámaras a la jungla como en un racconto.)
Mucho se ha discutido su inmigración. No son pocos los que quisieran devolverlos a sus tierras.
Otros, sin embargo, han comprendido que su presencia ha venido a enriquecer la vida en la jungla.
Y aunque para el latinus americanus no ha sido fácil, puesto que de vez en cuando voltea el rostro en lágrimas hacia su lejano mundo, su impulso de vida y su instinto de amar cuando debiera odiar, lo ha salvado de la extinción.
(El programa termina en un parque donde unos cachorritos de latinus americanu juegan chapurreando el nordicus. Música de zampoña.)
*Famoso programa sobre naturaleza de la TV sueca.
Högdalen, junio 91, Suecia.
EL ÁNGEL Y EL COMISARIO DE LA GUARDIA
Muchos van a pensar —al término de la lectura— que les he contado un cuento.La verdad que la historia sucedió, o está sucediendo, o va a suceder. La realidad —por si no saben— no tiene que ser algo que ocurre ahora o que ocurrió, que también puede ocurrir mañana. Todo consiste en darle tiempo para que sea realidad, como nos gusta. Y dice así:
Por más que corrió para alcanzar la esquina, la patrulla de carabineros lo alcanzó, lo cogió de la camisa y lo puso contra de la pared, así con las manos en alto.
Tembloroso dijo su nombre: Gabriel, y les mostró sus alas.
No le creyeron.
Dijo su domicilio: el Cielo, y tampoco le creyeron, ni se rieron.
Quiso volar, pero sus alas habían desaparecido.
Intentó orar, pero se le confundió la lengua, como cuando uno quiere decir algo en sueco y no le sale.
A empellones se lo llevaron a la comisaría de Carabineros y se lo entregaron al capitán.
Este lo golpeó horas, hasta quedar exausto. Tuvo que salir a tomar un café.
Antes de la medianoche, visitó al ángel en su celda otro ángel, que algo le sopló al oído.
De inmediato le brotaron alas y sintió que podía orar de nuevo sus oraciones. Sin embargo el ángel no hizo ningún intento de volar ni de orar. Optó por esperar a su verdugo.
Cuando este entró remangándose la guerrera, el ángel se le arrojó al cuello y lo ahorcó; luego le puso sus alas y le dio una palmaditas en el trasero.
El capitán de Carabineros alzó alas, azotó los techos de las casas, derribó antenas de televisión, espantó los gorriones que dormían en los arces, y voló alto en medio de la oscuridad de la noche. Entretanto, el ángel, ascendía al Cielo llevado por otros ángeles.
Al desayuno, al capitán se le vio dar vueltas en el cielo junto con los jotes (1). A la hora de colación, en el basural situado en las afueras de la ciudad, con sus nuevos camaradas.
(1) Buitre (vulture, en inglés).
Lo extraño de esta historia es que a nadie le ha importado lo ocurrido. Ni en la Comisaría, ni en la Gobernación. Peor aún: han nombrado a un nuevo capitán.
Es por eso que he escrito esta crónica.
Estocolmo, 1984
UN DIARIO MADRUGADOR
Fue la mañana en que desperté del puro dolor de cabeza. Probablemente se debía a que llegué un poco tarde la noche anterior. Lo cierto es que... ocurrió.
Lo leí en un diario madrugador, por lo que me sospecho que haya llegado antes de que las noticias verdaderamente hubieran ocurrido. La página que me impresionó es esta :
Estocolmo, sábado 21 de abril de 199...
(AP) Boris Jeltsin ha autorizado la publicación de El día incisivo, de Augusto Papanatas. Al consultársele las razones de la decisión, dijo: «Si fue un adelantado de su época, no nos perdonaríamos que fuera el gran escritor incomprendido».
Las dudas que ha despertado su declaración se deben a que las fuentes posiblemente olvidaron pasar las palabras del jerarca ruso por un espejo.
(AL) Sensación ha causado en Stalingrado la
aparición de Cruz del Sur Literaria (1). Se comenta que el propio Stalin al leerla casi murió de risa. «¡Más vodka! ¡Más vodka!», gritaba y se golpeaba la barriga. Después ordenó el arresto de los editores.
(AS) En París el famoso poeta Charles Baudelaire ha protestado enérgicamente contra los marineros que por distraerse, dan caza a los albatros, esas grandes aves del mar. Denunció, además, que algunos queman sus picos con pipas mientras otros miman cojeando al planeador inválido.
Sus declaraciones han motivado que numerosos estudiantes de la educación media marchen con pancartas este fin semana a los principales puertos para protestar contra el atropello a sus camaradas.
(AL) Ayer jueves en Hamburgo, el poeta alemán Bertolt Brecht comentó, a propósito de la censura de la revista Cruz del Sur Literaria y del arresto de los redactores, que «si hoy vienen por ellos, mañana vendrán por los inmigrantes, después por los demócratas, etc., y que va a ser tarde hacer algo cuando vengan por el que hoy no se siente discriminado o perseguido», informó una fuente noticiosa berlinesa.
(TT) Se clausuró en Londres el Simposio Ciencia y Futuro que agrupó a los científicos y filósofos más connotados del mundo.
El alemán Frederich Engels, cuyas observaciones causaron consternación en el público que asistió a las deliberaciones, dijo en el discurso de clausura:
«Se acerca inflexiblemente el tiempo en que el calor decreciente del Sol no podrá ya derretir el hielo procedente de los polos; la humanidad, más y más hacinada en torno al ecuador, no encontrará ni siquiera allí el calor necesario para la vida; irá desapareciendo paulatinamente toda huella de vida orgánica, y la Tierra, muerta, convertida en una esfera fría, como la Luna, girará en las tinieblas más profundas, siguiendo órbitas más y más reducidas en torno al Sol, también muerto, sobre el que, al fin de cuentas, terminará por caer».
(1) Famosa revista literaria en castellano editada por un
chillanejo en Estocolmo.
Högdalen, 92.01.15
REFLEXIÓN
Hace muy poco nos encontramos en el café Karl Marx algunos veteranos de aquel sueño que llamamos La vía chilena de la revolución. Nos juntamos no para mostrarnos las heridas sino para tratar de dar respuestas a viejas preguntas que quizá nunca serán respondidas del todo, y si nunca serán
respondidas del todo, significa que cerraremos los ojos para siempre con la amargura de no saber por qué fuimos condenados. En todo caso llamamos esa cita Jornada de reflexión.
No puedo decir que salí defraudado del encuentro porque yo sabía que era inútil el intento. El intento, sí, pero no el hecho de juntarnos. Intentar cualquier cosa aun cuando el juego parece perdido es candor y el candor es mejor que nada cuando las esperanzas se ven perdidas.
Camino a casa me dije que por lo menos eso dejábamos de herencia a los hijos.
No creo que baste decir que se debe ser práctico y realista. Quizá en la guerra que es el campo de las bestias. Pero en la sociedad, el hombre es un promesa del Cielo, un caminante que busca ser Dios.
No importa si el Dios que quiere ser es judaico, musulmán o budista o el hombre nuevo de los socialistas, y no importa si ninguno de ellos garantiza de que se alcanzará algún día. No por ello va a dejar de ser motivo para pretender ser cada vez mejores.
¿Testarudez? Quienes predican el realismo y el practicismo no tienen ninguna duda, y no hay motivo para no tolerarlos. Tienen todo el derecho de pensar lo que quieran, así como nosotros el nuestro.
Tal vez sea una clase de ilusión, digo yo, y lo
aclaro, porque no es el sentido de esta reflexión trazar una línea entre los que sueñan con un mundo mejor y los otros; más bien señalar que la humanidad no se ha desarrollado por el incremento de lo material que nos indican las cifras económicas, sino
porque el ser humano siempre ha buscado ser cada vez mejor, mucho mejor, así como un dios terrenal y bondadoso.
Högdalen, 10 de diciembre de 1994.
RECIÉN LLEGADOS
Seguramente Uds. conocen a más de alguien que durante el primer tiempo en Suecia comía salchichas para perros y que hubiera seguido comiendo las porquerías si no es por el amigo que lo sacó del error. Es el chascarro de entrada que se nos cuenta apenas se llega a este país.
Conozco otro:
Una muchacha está en la boletería de la Estación Central. Hay una sueca antes de ella.
—Mariatorget(1)—dice la rubia; paga y recibe el boleto.
Ahora es el turno de mi compatriota:
—María González —dice ella.
Espero que nadie lo tome a mal, pero son cosas que pasan a todos y no tiene nada que ver con alguna clase de inferioridad cultural.
Por ejemplo :
Un yanqui llega a Chile precisamente en medio de una campaña presidencial. Él recorre los barrios de Santiago para hacerse una idea de la situación. Al final un periodista le pregunta acerca del candidato con más posibilidades, y él responde, sin vacilar:
—Mister Paico.
El periodista se queda perplejo porque ignora que haya algún señor candidato con ese nombre, por lo que le pide que le explique.
Desconfiado el gringo, le dice que le parece extraño que lo ignore cuando su nombre está en todas las paredes, incluso en las de los toalettes.
Pero el chascarro más increíble me lo contó Rafael. Según él, un tipo, en un supermercado, entró a comprar jabón y se habría dado mil vueltas antes hallar la escurridiza barra. Pero al fin dio con ella y partió corriendo a casa a zambullirse en la tina.
—M’ijita, ¡qué jabones más suaves usan estos suecos! —le comentaba a su mujer, mientras retozaba en al tina como cerdito en el barro. —Te vais a tener que ir a comprar otro pa’ ti porque este se está deshaciendo entero. ¡Ni que fuera mantequilla!
Y efectivamente era una barra de mantequilla.
Hay uno que me parece muy tierno. Del que creía que los filtros de café eran un ingenio de los suecos para poner los sándwiches.
—Si vas al supermercado, no te olvidí de comprar sangucheras —se solían decir cuando
pensaban salir del campamento de refugiados.
Por lo menos yo mostraba la tarjeta al entrar y salir de la estación del metro...
¿Y qué importa? ¿Acaso no es peor el caso del que pasó de largo en el avión y fue a parar a Egipto?
Muy abrigado con gamonal, bufanda, gorro de lana y mitones llamó a sus familiares:
—Jetones...¿qué les pasó que no me vinieron a esperar?
—¡Chit! ...Y vo, loco, ¿dónde estai? Te fuimos a ver y no te vimos por ningún la’o...
—Aquí estoy, puh, caga’o ‘e calor...
—Oye, ¿de dónde estai llamando?
—Del aeropuerto, puh...
(1) Estación del metro de Estocolmo.
Högdalen, 1994.11.21.
EL ANTI MAPUCHE, ANTI CHILENO Y ANTI TURCO DE NOSOTROS LOS CHILENOS
—¡Me da no sé qué ver a esos chilenos negruchos y pelucones en el metro! ¡Parecen indios! —dijo el camarada de mi ex partido.¿Racismo? Si aún no lo saben, digámoslo: sí, es racismo; inofensivo en aparencia, pero, racismo.
Recuerdo a mi compañero de escuela primaria José Huenchuñir Paicalaf, que era víctima de esta clase de racismo, sin estar consciente él mismo de ello.
Cómo saberlo si hay injusticias tan enraizadas en el alma nacional que nos parecen naturales.
Él era el flojo, el tonto y el hazmerreír de la clase.
Él era el flojo, el tonto y el hazmerreír de la clase.
Recuerdo como si fuera hoy la sonrisa picada de caries del profesor cuando alguien se hacía el chistoso a costa del bueno del Huenchuñir.
Lamento tanto que haya tenido que sufrir en carne propia el racismo para preguntarme por qué en aquel en tiempo no estuve apoyando la creación de comités de pueblos originarios. De todos los pueblos originarios del continente.
Lamento tanto que haya tenido que sufrir en carne propia el racismo para preguntarme por qué en aquel en tiempo no estuve apoyando la creación de comités de pueblos originarios. De todos los pueblos originarios del continente.
Ese mismo camarada, a renglón seguido, agregó:
—¡Estos suecos son tan racistas!
Después me he venido enterando del anti chileno de los chilenos.
Aquí la ridiculez colma los límites de lo tolerable y es francamente o grotesco o cómico.
Que un descendiente de italiano se imagine que es italiano porque engulle cada domingo increíbles porciones de espaguetis y lasañas, o porque se le cae el pelo del moño antes que a los otros chilenos y le brota donde no se debe, nada hay que hacer si no reírse para adentro, para evitar problemas.
—¡Estos suecos son tan racistas!
Después me he venido enterando del anti chileno de los chilenos.
Aquí la ridiculez colma los límites de lo tolerable y es francamente o grotesco o cómico.
Que un descendiente de italiano se imagine que es italiano porque engulle cada domingo increíbles porciones de espaguetis y lasañas, o porque se le cae el pelo del moño antes que a los otros chilenos y le brota donde no se debe, nada hay que hacer si no reírse para adentro, para evitar problemas.
O los que aseguran ser descendientes de alemanes, yugoslavos, españoles, qué sé yo, por sus ojos azules, sus bastardos ricitos dorados y apellidos extranjeros (no se olvide que nosotros en general llevamos apellidos extranjeros que ocultan el Huenchuñir, Paicalaf, Quilapán, etc. que somos).
Sin embargo hay algo que no logro comprender
¿Por qué nadie ahora dice que es descendiente de árabes o de turcos, ah?
¿Por qué se quedan tan calladitos, sobre todo los que decían ser descendientes de españoles?
Pensemos solo en los ocho siglos de dominación árabe en la península ibérica; pensemos que en 1364 la Corona de Aragón se extendía hasta los Ducados de Atenas y Neopatria (Asia Menor!), como un puente; pensemos que los turcos otomanos se tomaron Constantinopla en 1456 y que pocos años después, en 1492, Colón extendería ese puente al continente americano y veremos, por tanto, de donde viene el cierto parecido.
Sin embargo hay algo que no logro comprender
¿Por qué nadie ahora dice que es descendiente de árabes o de turcos, ah?
¿Por qué se quedan tan calladitos, sobre todo los que decían ser descendientes de españoles?
Pensemos solo en los ocho siglos de dominación árabe en la península ibérica; pensemos que en 1364 la Corona de Aragón se extendía hasta los Ducados de Atenas y Neopatria (Asia Menor!), como un puente; pensemos que los turcos otomanos se tomaron Constantinopla en 1456 y que pocos años después, en 1492, Colón extendería ese puente al continente americano y veremos, por tanto, de donde viene el cierto parecido.
Pero nadie dice nada, que ya es mucho decir.
Por el contrario:
—¡Sácate ese pantalón que parecí turco, ‘on!
Por el contrario:
—¡Sácate ese pantalón que parecí turco, ‘on!
—¡Chi...! ¡El bigotito ‘e turco que te gastai, ‘on!
Y dale. Ahora los turcos son los feos, los tontos. De ahí Turkeby! (1)
No sé si por extensión, pero la agarramos con todos: turcos, árabes, judíos, etc.
Las mamás más pechoñas, muy sueltas de cuerpo, suelen decir:
Y dale. Ahora los turcos son los feos, los tontos. De ahí Turkeby! (1)
No sé si por extensión, pero la agarramos con todos: turcos, árabes, judíos, etc.
Las mamás más pechoñas, muy sueltas de cuerpo, suelen decir:
—Mijita... ¡lo único que le pido es que no se meta con un "arenoso ‘e mierda"!
¿Nadie ha dicho a esas pobres “viejas” que Juan Bautista, Jesús, el Niñito, la Virgen María, San José, los Reyes Magos, los Apóstoles y todos los personajes de la Santa Biblia eran unos "arenosos ‘e mierda"?
¿Nadie ha dicho a esas pobres “viejas” que Juan Bautista, Jesús, el Niñito, la Virgen María, San José, los Reyes Magos, los Apóstoles y todos los personajes de la Santa Biblia eran unos "arenosos ‘e mierda"?
Tampoco los "intelectuales" deben olvidar que Las mil y una noches fue escrita por árabes. Que los episodios de la Eneida del gran poeta Virgilio, se inician en lo que hoy es la tierra de Turquía. Que la filosofía helénica que inspira nuestra cultura, no nació en Grecia, sino en la ciudades jónicas de la costa occidental de Asia menor, hoy tierra turca. Tales, Anaximandro, filósofos de Mileto; Jenófanes, poeta y filósofo de Colofón; y el más lúcido de todos, Heráclito de Efeso, etc., nacieron y pensaron en la tierra en la que hoy se levanta la bella Turquía.
Ahora pregunto:
¿Qué es lo que hace pensar a cierta gente tan mal de los turcos?
Nada.
Absolutamente nada.
Ahora pregunto:
¿Qué es lo que hace pensar a cierta gente tan mal de los turcos?
Nada.
Absolutamente nada.
Lo que hay es una lastimosa ignorancia y alguna clase de complejo de Edipo: amamos a unos padres putativos y atacamos a los auténticos.
Arkadaşıma dokunma! (2)
¡Ka pewayu! (3)
¡Ka pewayu! (3)
(1) Rinkeby, barrio sueco de Estocolmo habitado
en su mayoría por turcos.
(2) ¡No toques a mi amigo!, en turco.
(3) ¡Nos volveremos a ver!, en mapuzugun.
Liège, Belgica, diciembre, 199
FIN DE SIGLO
Como se nos acaba el siglo (y con el siglo XX, un milenio), hacemos una pausa para mirar el camino recorrido y el camino por recorrer, aunque ésta no sea una pausa auténtica, ya que por nada queremos (o no podemos) detener el paso.
Muchas y variadas son las cosas en las que se me ocurre pensar, las que giran en mi mente como protones en torno al núcleo, y no hallo cuál coger en primer lugar.
Veamos.
Hechos políticos que han marcado traumáticamente la historia de la humanidad. Catástrofes en la ecología de la naturaleza, con daños irreparables, causado por la técnica, la ciencia, los ejércitos, la pobreza y el capital. Actos de heroísmo que nos alientan a seguir creyendo que el hombre es bueno.
Pienso en el pueblo de Viet Nam y en el de Cuba.
En fin, muchas son las cosas en las que me gustaría detenerme a pensar a la hora de ver el camino.
Tal vez si hago como que cojo una cadena, entonces el eslabón que tire, me traerá un orden posible y resulte así algo, por los menos una opinión de partida.
Podría ser la cibernética.
Originariamente una ciencia que estudia las conexiones nerviosas en los seres vivos. Después, y además, como el arte de construir y manejar aparatos que por medios electrónicos efectúan automáticamente cálculos complicados.
Hoy vivimos el boom de este ingenio del ser humano.
He escuchado por ahí, tal vez no muy bien, pero valga la intención de ilustrar esta página, que el automovil Wolvaguen y la computadora habrían nacido en el mismo año, y que si el vehículo se hubiera desarrollado al mismo ritmo de compresión y extensión de la computadora, sería del tamaño de una caja de fósforo. Así tan rápido va eso.
Por eso la gente tiene razón de mirar la computación con desconfianza. Y por otras tantas razones también. Pues, fíjese: Si aquí en Suecia Gunnar llama para preguntar por la causa del atraso de su sueldo, se le contesta (a veces es una grabación) que por falla de la computación. Aunque es el caso más leve. Que el caso más grave es el avión que se desplomó por falla de un ordenador.
En cuanto a las estadísticas en el terreno social,se suman los fracasos matrimoniales debido a la adicción de uno de los cónyuges a la computación.
En Estocolmo, para remediar un tanto el problema, se ha formado, junto a otros grupos de terapias, uno para los adictos al nuevo vicio.
En el ambiente social, el tener un ordenador, saber manejarlo y estar pegado en la red, da
estatus. Un tonto de por sí es inteligente, gracias a ello.
En mi caso, estoy montado amansándolo. Me tiene que servir para lo que yo quiero, y como haría con el mosto u otras bebidas espiritosas, sólo he de consumir un poco, y no todos los días. Porque en buenas cuentas, tratándolo, he llegado a conocerle bien sus claves y a comprender que es un aparato tonto y para nada creativo. Muchas veces
me irrita la inflexibilidad de sus esquemas operativos y la monotonía de sus estructuras ‘mentales’. Según las teorías genéticas del psicólogo estructuralista Jean Piaget, la computadora estaría en el estadio de los esquemas mecánicos, es decir, no lógicos,
en la pre inteligencia.
O sea, tras de su facha genial, no hay más que tag y esquemas rígidos, y una fábrica de dinero. O sea, detrás de la cibernética y sus formidable propaganda, están los hombres en la encarnizada lucha de siempre: tejiendo la historia, sin que mucho haya cambiado, siendo los mismos, dándonos con el hacha en la cabeza unos a otros. Unos porque quieren tener todo y otros porque no tienen casi nada. Unos porque creen que la mercancía es la medida de las cosas y otros, que el hombre. Unos porque creen que el futuro siempre será capitalismo, otros porque creen que la disyuntiva del próximo milenio es si somos capaces de crear una sociedad espiritual o no, porque de no serlo,
será la vida social una barbarie atroz, agravada con el desenfreno de la cibernética y la bestiales leyes del mercado.
Por tanto, esto es lo que importa ver y comprender del rol de la computadora: que la bondad o no de la generalización de la cibernetización de la sociedad dependerán de quién logre el control del timón de la historia. Si seguimos como estamos, vamos perdidos, y entonces en vez de seguir lamentándonos, comencemos a enseñarle a nuestros hijos cómo tendrán que sobrevivir, y si nos queda un poco de ilusión, o sea, si somos tan valientes de pararnos en el camino para soñar un mundo mejor, el futuro de nuestros hijos está salvado, aunque materialmente siga peor de lo que estamos.
Högdalen, 1997, junio.
CHILLANEJO EN ESTOCOLMO
Chillán, desde la llegada a Estocolmo, va conmigo de tal manera que siempre me presento como chillanejo. Entonces se me pide señales de la ciudad, su ubicación en el mapa, idioma, en fin. Oportunidad que aprovecho para hablar de sus ríos, lagos, cerros, montañas y de los famosos nacidos en su tierra.
—Famosos tanto por la pluma como por la espada —digo sin vacilar.
Si un chileno de los otros está presente, para que no siga con sus impertinencias, canto lo que se nos enseñó desde niño: «Chile es un país alrededor de Chillán...», por lo que se me ha dado de facto otra carta de ciudadanía.
—Hola, chillanejo.
O si no:
—Tú como chillanejo.
O como murmuran por ahí:
—Esta tarde va a leer poesía el pedante del chillanejo.
¿Pero cuál es el Chillán que ando trayendo?
El Chillán de los castaños, arces, naranjos, limoneros, eucaliptos, palmeras, robles, álamos, sauces, etcétera; el Chillán del círculo de jotes en el cielo; el de los chicoteados de la estación de ferrocarriles; el de la feria en el centro y de la pérgola en la Avenida Brasil donde se vendía mariscos y pescados frescos traídos por el legendario tren ramal, pérgola que se mandó abajo con el terremoto del 60; el Chillán del bar «La Casa de la Cultura», donde la dueña recibía a sus clientes a punta de garabatos, y si uno era medio delicado, mejor que se fuera al restaurante La Bahía, que estaba al lado; pero también el Chillán del monumento a la pechoñería; el de las calles de adoquines; el de los vendedores de castañas y piñones; del motemei calientito, el de las tortillas de rescoldo y de las sustancias chillanejas, el de las longanizas con papas pará y pebre cuchareao, el del auténtico mosto, el de la chicha con naranja o con harina de avellana; el de las picadas: el Diente de Lata, la bodega Ñipas, el Cabeza e' Vaca, la Catedral, el Patá en la Erre, el Racimo, la Potito Bonito, etcétera; o el Chillán de las fiestas primaverales con carros alegóricos; el de las celebraciones de aniversario de la Escuela Normal «Juan Madrid» con sus orquestas de jazz, maratones y regatas por el estero más natural del mundo y al que no se le respetan los derechos; o el Chillán de la peñas y navegados; el de la sierras asadas de Semana Santa; el de los payadores, puétas y folkloristas; el de los camarones y salchichas; el del plato de luche con papas cocidas; el del palo enjabonado; el de los paseos a las Termas, a las Trancas, al río Ñuble, a las Lajuelas, a Dichato —pero en tren ramal—; el Chillán de la hospitalidad, el de las tradiciones, el de la identidad más silvestre que había en Chile y que atrajo a tanto poeta, artista e intelectual. En fin, el Chillán que me hizo sentir en el Paraíso durante mi infancia y mi juventud; pero en el que no puedo seguir sin ver lo que con los años de ausencia ha resultado ser ni desatender mi desarraigo, pues, quiérase o no, me hallo a medio camino entre aquel Chillán y el de hoy, entre un continente y otro, entre una época y otra, equilibrándome en el meridiano del retorno con el paraguas de la incertidumbre.
—Vuelvo —me digo.
—¿A dónde? —me contestan.
—Famosos tanto por la pluma como por la espada —digo sin vacilar.
Si un chileno de los otros está presente, para que no siga con sus impertinencias, canto lo que se nos enseñó desde niño: «Chile es un país alrededor de Chillán...», por lo que se me ha dado de facto otra carta de ciudadanía.
—Hola, chillanejo.
O si no:
—Tú como chillanejo.
O como murmuran por ahí:
—Esta tarde va a leer poesía el pedante del chillanejo.
¿Pero cuál es el Chillán que ando trayendo?
El Chillán de los castaños, arces, naranjos, limoneros, eucaliptos, palmeras, robles, álamos, sauces, etcétera; el Chillán del círculo de jotes en el cielo; el de los chicoteados de la estación de ferrocarriles; el de la feria en el centro y de la pérgola en la Avenida Brasil donde se vendía mariscos y pescados frescos traídos por el legendario tren ramal, pérgola que se mandó abajo con el terremoto del 60; el Chillán del bar «La Casa de la Cultura», donde la dueña recibía a sus clientes a punta de garabatos, y si uno era medio delicado, mejor que se fuera al restaurante La Bahía, que estaba al lado; pero también el Chillán del monumento a la pechoñería; el de las calles de adoquines; el de los vendedores de castañas y piñones; del motemei calientito, el de las tortillas de rescoldo y de las sustancias chillanejas, el de las longanizas con papas pará y pebre cuchareao, el del auténtico mosto, el de la chicha con naranja o con harina de avellana; el de las picadas: el Diente de Lata, la bodega Ñipas, el Cabeza e' Vaca, la Catedral, el Patá en la Erre, el Racimo, la Potito Bonito, etcétera; o el Chillán de las fiestas primaverales con carros alegóricos; el de las celebraciones de aniversario de la Escuela Normal «Juan Madrid» con sus orquestas de jazz, maratones y regatas por el estero más natural del mundo y al que no se le respetan los derechos; o el Chillán de la peñas y navegados; el de la sierras asadas de Semana Santa; el de los payadores, puétas y folkloristas; el de los camarones y salchichas; el del plato de luche con papas cocidas; el del palo enjabonado; el de los paseos a las Termas, a las Trancas, al río Ñuble, a las Lajuelas, a Dichato —pero en tren ramal—; el Chillán de la hospitalidad, el de las tradiciones, el de la identidad más silvestre que había en Chile y que atrajo a tanto poeta, artista e intelectual. En fin, el Chillán que me hizo sentir en el Paraíso durante mi infancia y mi juventud; pero en el que no puedo seguir sin ver lo que con los años de ausencia ha resultado ser ni desatender mi desarraigo, pues, quiérase o no, me hallo a medio camino entre aquel Chillán y el de hoy, entre un continente y otro, entre una época y otra, equilibrándome en el meridiano del retorno con el paraguas de la incertidumbre.
—Vuelvo —me digo.
—¿A dónde? —me contestan.
La Guitarrera.com,
Estocolmo, 6 de mayo de 2000.
Crónicas firmadas por Cristian Leoni,
seudónimo del autor.
DON CARLOS RENÉ IBACACHE:
EL HOMBRE QUE RECUPERÓ LA LIBERTAD PARA LOS JÓVENES POETAS DE CHILLÁN MUCHO ANTES DE QUE LA DICTADURA CAYERA
Don Carlos, en mi historia, es la persona adulta por la que sentí gran afecto. Así como se quiere a un padre.
Cuando me lo presentaron, una junta militar impuesta tras un sangriento golpe de estado, aterrorizaba la sociedad.
Muchos fuimos perseguidos, detenidos y torturados brutalmente. A otros los asesinaron y arrojaron sus cadáveres a ríos, sitios abandonados, o simplemente los hicieron desaparecer vaya uno a saber dónde.
Milagrosamente yo sobreviví la tortura de retenes y comisarías de Carabineros.
Estuve encarcelado hasta fines de febrero de 1974. De ahí me enviaron relegado a un lugar rural de Ñuble (de esos olvidados por la civilización), bajo control militar y con la obligación de presentarme en el Regimiento cada viernes.
No es difícil imaginar lo desmoralizador que puede llegar a ser para una persona de la ciudad verse obligada a vivir en un ambiente que es lo contrario del propio; además, estar expuesta a las intimidaciones nocturnas de carabineros, como la de apuntar los focos del jeep hacia la vivienda donde reside.
Los lugareños, rudos y analfabetos, a pesar de la desconfianza, me parecían cordiales, a su manera.
Me llamaba la atención, a medida que conocía sus nombres, el estrecho parentezco entre ellos. En unos, el apellido materno de otros, era el paterno. Es probable que la hemofilia leve de un joven y la ausencia congénita de pigmentación de una muchacha, tuviera aquí su explicación.
Intenté adaptarme a la vida campesina, sin éxito.
La vivienda, una casucha sin electricidad, poblada de ratones que no paraban de rondar durante la noche los pocos libros y revistas que me quedaban.
Aun así, me consolaba pensando que en Chillán una vida llena de sobresaltos, me hubiera enloquecido.
Al caer la noche, la total oscuridad del campo se convertía en la imagen de mi día a día.
Retomé textos que había compuesto en la cárcel y guardaba en la memoria.
Escribir se tornó mi resistencia, y leer libros que compraba en la Librería Maureira, ubicada en la Avenida Libertad, o libros viejos que compraba en El Arca de Noé, en la Feria del Mercado.
Sin embargo en ningún momento me sentía cómodo. En absoluto.
El pesimismo en que me iba sumiendo, presagiaba un final trágico.
En 1976, en una de esas salidas a la ciudad en que me tocaba control en el Regimiento, el dueño de la Librería Maureira me presentó a un caballero sereno y amable.
Se parecía a mi papá en su modo de ser.
Se llamaba Carlos René Ibacache, presidente del Grupo Literario.
Me contó que se reunían los miércoles en una salita que tenía el Grupo de Cámara Santa Cecilia en la Sala Scheaffer. Al atardecer.
Cordialmente me dijo que sería bienvenido.
Por el camino, exclamaba, impresionado hasta las lágrimas:
“¡Valiente gente! ¡Adorable!”
Que se atrevieran a reunirse a leer poesía en un periodo donde los libros eran vistos por la dictadura como bombas molotov, me emocionaba, me enternecía y me enorgullecía. Había columnistas como Hermógenes Pérez de Arce, un tal Ruiz-Tagle, Pablo Rodríguez Grez, un Maximiliano no sé cuánto, que pedían poner ojo a los centros culturales, pues constituían nidos de comunistas.
Para los socios del grupo literario, como si lloviera.
Pero ahí estaba don Carlitos con su carita redonda, su mirada risueña detrás de los lentes.
Terminada la lectura y el diálogo, venía el cafecito de la convivencia.
Después había que irse a casa por el toque de queda.
En la primera asistencia, no salía de mi asombro.
Era como si se hubiera abierto una puerta en el Cielo.
¡Dios, Dios mío!
Así que con entusiasmo continué la escritura. Sobre todo cuando don Carlitos propuso un miércoles que “en la próxima reunión Harold podría leer sus textos. Si a él le parece".
¿Quéee? “¿Si a él le parece?”
Ja, ja, ja. ¡Qué nobleza, viejo lindo!
"Por supuesto, con todo gusto. Un honor", murmuré, tímido.
Pues, entonces, el miércoles siguiente leí los poemas que por ese momento creía casi listos.
Fue emocionante. Aplaudieron. Luego los comentaron (qué lujo). A una socia, bajando la voz, les parecieron algo atrevidos.
Don Ernesto Vásquez Méndez habló de las claves de la poesía. Toda una lección que me llevé a la casa de campo para tener en cuenta en el momento de la corrección de los poemas, a la luz de una vela.
Después me enteré que don Carlos había escrito una crónica nada menos que en el diario de la ciudad, ¡La Discusión!
¡Wau! No lo podía creer.
Yo no daba más de orgullo por mis poemas. Incluso, tonto me puse. Lo que no importó a don Carlos ni a don Ernesto. Se reían.
Con el tiempo fui tomando confianza y asumiendo mi condición de poeta. Como debía ser, pienso ahora.
Mientras en el país las cosas no iban mejor. El pueblo pasaba hambre y no había barrio que no tuviera un vecino detenido.
La brutalidad, la incultura, la hipocresía, la miseria humana campeaban.
En la pantalla del televisor del restaurante vi a escritores que en condiciones normales, nadie hubiera dado una chaucha por ellos; sin embargo, posaban como los galácticos de la literatura nacional.
Hubo otros que aprovecharon el vacío que dejó el fallecimiento de Pablo Neruda y la ausencia de poetas que se vieron obligados a emigrar, para granjearse la simpatía de la juventud y la Junta militar asi catapultar su fama.
Como se ve, nada de fácil para los escritores naturales.
Radio Moscú, en su programa Escucha Chile, leyó un poema mío con el seudónimo de Pablo del Sur. Y eso fue todo.
Los poetas necesitaban más que eso. Su territorio, su lugar en la sociedad para cumplir su función. Condiciones que no podían venir de ninguna manera de las instituciones del régimen militar.
Alguien tenía que liderar la iniciativa, la reivindicación.
Debía ser una persona cuya condición humana fuera de dimensiones, porque tendría que mantener a raya al coronel de la zona.
Todavía más. Capaz de imponer respeto para llevar a cabo programas en las radioemisoras, editar revistas y libros y organizar festivales de poesía.
Para bendición nuestra, en Chillán tuvimos a esa persona: don Carlos René Ibacache.
Y no resultaba fácil para él.
Más de una vez el coronel lo citó a su oficina, ‘allá arriba’, para "advertirle" que controlara a su gente.
También hubo un engreído que se mofaba de don Carlos, por abrir las puertas del Grupo Literario a la juventud y la dueña de casa.
Sí, nosotros, lo jóvenes fuimos atrevidos. Perdimos el miedo y nos comportamos de manera irresponsable.
En una oportunidad el Grupo Literario organizó una lectura en el salón de la Sala Scheaffer. Habíamos cinco personas en la mesa del estrado. Don Carlos ofició de moderador.
En la planta baja del salón, en la primera fila, el jefe de plaza —es decir, un militar de alto grado—, un representante de la Iglesia católica y uno de la Municipalidad.
La sala estaba llena.
Llegado mi turno, ignorando el protocolo, saqué del bolsillo mi primer poema contestatario, y lo leí.
Era notorio que las autoridades estaban incómodas en las butacas.
Al término de la lectura, el aplauso fue grandioso. Incluso algunos jóvenes, como Patricio Sobarzo, gritaron "¡Bravo! ¡Bravo!"
Yo, qué decir, estaba desconsideradamente feliz.
Don Carlos, el miércoles siguiente, me contó que lo habían citado ‘allá arriba’. Sin embargo no me reprochó nada, ni me pidió prudencia.
Por eso puedo asegurar que nosotros fuimos libres mucho antes del debilitamiento de la dictadura y su caída.
Gracias a don Carlos René Ibacache.
Por eso, el Grupo Literario Ñuble, su obra, debería tener su propia casa, con su retrato, en honor a este gran hombre.
Los escritores y poetas, Chillán, se lo deben.
Chillán, 2 de septiembre de 2021.
ÑUBLE: TIERRA DE POETAS
Para quien ha nacido o ha sido criado en la tierra de la provincia de Ñuble, o precisamente en su capital, Chillán, la poesía, la tradición y la identidad son una misma cosa. Yo, por lo menos, no recuerdo un antes de ella o un día sin su presencia, ni que su presencia haya sido pasiva pues siempre estuvo coronando cada paso y cada aprendizaje.Y no se piense en una ocurrencia mía ni exageración de la nostalgia porque si me pongo a dar ejemplos para atestiguar lo afirmado, no terminaría nunca. Baste repetir, entonces, lo dicho por un visitante, y no uno sino unos cuantos, que en esa zona si se levanta una piedra, aparece un poeta.
Y así es, no más.
Cuando recorrí la provincia por eso de la política, pude apreciarlo una y otra vez. Como también puedo asegurar la enorme diferencia de su ejercicio respecto a la elitista y rebuscada de Santiago, pues la de Ñuble es ejercida por letrados y no letrados, los puétas, como se les llama a los de escasa o ninguna escolaridad, y es espontánea.
Les cuento una anécdota.
Hallándome confinado por la Junta militar en un reducto de la provincia conocido como Coltón-Quillay, solía ir a ver a mi amigo don Jovino, agricultor y dueño de una noble viña. Ahí, entre lagares y pipas, charlábamos y probábamos el pipeño que es como tomar leche al pie de la vaca. Una tarde que nos acompañaba don Aurelio, un afuerino refugiado del invierno, confesé mi oficio de poeta; incluso pedí permiso para decir un poema
Ah qué mosto aquél.
Pues bien, ya se imaginarán los rostros del analfabeto auditorio durante la soberbia lectura y el complaciente aplauso posterior.
Incomodado, don Jovino, con la mano en el sombrero, carraspeó:
«Bueno, yo ahora le presento a otro puéta», e indicó a don Aurelio.
«A... sí, mírenlo», dije sorprendido.
Y don Jovino:
«¡Vamos, hombre, no me vai a dejar feo ahora!»
Don Aurelio, despabilándose, se empinó el jarro (me pareció ver el líquido fluir cuesta abajo por el gaznate), tomó un cajón, se sentó en una banca, lo puso entre sus rodillas y comenzó a tañer, a describir en octosílabos perfectos todo lo que ocurría en la bodega, incluso el gesto de mi mano por la frente y la estruendosa risa del anfitrión.
¡Qué duda cabía! Pura cepa ñublense, como los romanceros de los orígenes, cuando la capital de la provincia se llamaba San Bartolomé.
Lilla Essingen, Suecia.2001
LA HIJA DE IVÁN PAVLOV
Hace un tiempo leí en El Mundo, de España, esta corta noticia:
La hija del famoso académico y fisiólogo soviético Iván Pavlov, Valentina Yermakova, dedica su vida a salvar perros, en un acto de penitencia por los sacrificios que había practicado su padre en aras de la ciencia.
Para Pavlov los animales no eran más que animales, así como para los esclavistas estadounidenses los esclavos no eran seres humanos. Si el científico ruso pensaba en que con sus experimentos ayudaría al prójimo, se equivocó, pues estuvo ciega su mente al no ver la delicada ecología del orden del mundo.
¿Cuántos de nuestros ilustres científicos piensan como Iván Pavlov?
Si Iván Pavlov pudiera ver las consecuencias de sus experimentos, haría como Edipo cuando descubrió su crimen:
Gritando así se punzaba los ojos una y otra vez...
Miércoles, 08 de Febrero de 2006 05:54
HELENA DE TROYA, YEATS, BORGES Y MI TRISTEZA
Dos pares de versos aguardan, buscan ser tema.
El primero está relacionado con lo escrito ayer (mi tristeza por culpa de mi Helena de Troya), y el segundo, con el tiempo. Y son estos:
Mas siendo lo que es, ¿qué podría haber hecho?
¿Había acaso otra Troya para que ella incendiara?
(“Sin otra Troya” W.B.Yeats)
El presente está solo. La memoria erige el tiempo.
(“El instante” J.L.Borges)
La cuestión es elegir entre dos únicas oportunidades, pues no son temas intelectuales sino hechos que se nos presentan en la existencia, así cuando se ve pasar algo sin alcanzar a percibirlo completamente, sin embargo deja el alma vibrando, y hay que saberlo in situ, en el momento, no después ni mañana.
Siempre yo tan confiado, no elijo, hago lo acostumbrado: escribo.
Anoche estaba triste, dicho sea sin pudor. Esta mañana he venido al blog a leer lo escrito, a avergonzarme de la medida de lo desmedido. Sí y no, es mi juicio. Al principio quizás un poco, pero el final, con eso de la historia de Troya, creo salvarme del bochorno. Creo.
La pregunta entonces es inevitable: ¿Cómo es que viene la historia de Helena de Troya a ese instante banal? Sacando cuentas, es lectura vieja, "si ya es una lectura que tiene sus plazos", diría un clon de don Gonzalo Rojas. Por tanto la relación entre una y otra, es subterránea. Además, la historia griega es una tragedia; la de ayer, aunque al principio se ve triste, resulta, gracias a Troya, un cómic, lo que me rescata.
¿Había acaso otra Troya para que ella incendiara?
Es entonces cuando entiendo mejor la función de nuestras lecturas. No son para reproducir la ficción sino para evitarla, para aterrizarnos en el mundo real, aunque no para ir de vientre por el suelo.
Y es aquí donde engarzan, en esta ecología de las ideas, los versos de Borges.
Al principio me parece una invitación a uno de mis temas recurrentes: el tiempo, específicamente a su levedad, a su dudosa condición. Pero luego (este luego está referido a este momento de escritura, no antes ni después, sino durante esta escritura) comienzo a comprender que la Guerra de Troya, cuya causa es el inconstante amor de la bella Helena, ocurre en este presente, pues el pasado siendo sólo erigido por la memoria, no existe, en consecuencia la Guerra de Troya es de ahora. Lo que ocurre es que tú, lector, y yo, escribidor de bitácora de Internet, somos testigos de una versión de esta guerra, porque toda guerra es según la cuenta el testigo y según la lee el lector. Por tanto, mañana (o sea, en cualquier circunstancia), o en cualquier momento (pues todo va en círculo en este constante presente), volvemos a saber de ella, en una versión más, una de tantas según la persona que la vive o la presencie.
Jueves, 09 de Febrero de 2006 09:52
MIENTRAS ESPERO A GODOT, CONTEMPLO MIS ZAPATOS ROTOS
Uno, al parecer, ha de tener mucha rabia o mucha pena para escribir. Porque cuando se tiene el corazón alegre, de la risa, o del puro goce, uno se va a acostar muerto de sueño.
En mil caso; estoy como esperando a Godot.
En este estado, se me ocurre pensar en los zapatos. Ya la suela está fallando. Los compré en mi viaje a Chile. Pagué mucho dinero.
No me gusta ser engañado, pues me ha costado tanto volver a tener fe en la gente después de los meses de tortura en ese país, durante su dictadura.
Pero para qué quiero estos zapatos. Mañana
compro otro par.
Pensando en los malditos zapatos, me ha dado coraje, y pronto llegará tristeza. Apenas una llega, la otra ya hace su entrada.
Mi madre dice que eso sólo le ocurre a las personas bondadosas, pues ni que tengan mucha rabia, odian, y en lugar de odiar, les da por estar tristes.
Así es, no más.
Domingo, 12 de Febrero de 2006 18:33
EN BUSCA DEL GATO HERMES
Esta tarde, o esta noche, pasando por el túnel de claridad que es el puente camino a la isla, leí en un papel pegado en la barandilla, la palabra Hermes, el nombre de un gato extraviado, “negro de manchas blancas”.
Inmediatamente pensé en un error sintáctico, es decir, “blanco con manchas negras”. Luego me di cuenta que se trataba de un evidente prejuicio, del estigma cultural dado ya en el bautismo, con querubines y serafines. Pues, claro, si de eso estamos hechos, así no seamos blancos ni rubios.
En fin. Pero el nombre: Hermes.
Seguí mi camino.
En casa rondó el gato.
Cuando apagué la lámpara para disponerme a dormir, se me reveló el secreto: Hermético.
Pero a un lector de alquimia, le basta tener paciencia y aguardar.
Es lo que hice.
Hermético viene precisamente de Hermes Trismegistros, autor de un texto cuya traducción latina, en homenaje al autor, se titula Corpus Hermeticum.
Corpus Hermeticum vendría a ser para el cristianismo la philosophia perennis, “la filosofía eterna”, dentro de la cual Hermes era uno de los eslabones de la cadena que llevaba a los orígenes.
Según la tradición, Hermes Trismegistros habría sido contemporáneo de Moisés, pero en 1614, un protestante de Génova, Isaac Casaubon, demostró que los textos eran de principios de nuestra era.
Algunos ignoraron el descubrimiento y otros, desencantados, lo atendieron.
Lo cierto es que el Corpus Hermeticum, permitió traer a occidente la multifacética tradición cultural acumulada en la humanidad hasta entonces en Egipto, permitiéndonos comprender la concatenación del mundo (expresada en símbolos) y su mentalización (vivida al sentirnos parte de su inteligencia cosmológica).
Por tanto, no sin razón, según Antoine Faivré, se hallan rasgos del Corpus Hermeticum en Copernicus, en su De Revolutionibus, 1543, en Kepler, en su Harmonices Mundi, 1619, y en los humanistas, como Richard Burton, Anatomy of Melacholy, 1621.
No sin razón el gato llevaba ese nombre.
No sin razón la diosa egipcia Bastet, representada en una figura de mujer con cabeza de este animal, era la que sondeaba el ánimo de las personas.
Y no sin razón el anuncio acerca del gato extraviado, pues fue la pista para hallar esta conversación que se ha tornado interesante, aunque hermética.
Lunes, 13 de Febrero de 2006 16:59
NARIZ EN EXILIO
Cuando llegué a Suecia, a principios de los ochenta, los "revolucionarios" chilenos que se exiliaron inmediatamente después del golpe de estado, habían renegado de su política y jerarquizado el exilio según los apellidos.*
Si era Pérez o Huenchuñir, el exiliado tenía que resignarse a continuar su militancia comunista o a integrarse en algún comité de solidaridad con los llamados pueblos originarios. En cambio, si tenía un apellido parecido a Maccherone, Vanadic, o Asnar, o Verdugo, o Churreta, pasaba al nivel de estos tránsfugas, si damos a las cosas su nombre.
No diré que todos estos Maccherone, o Vanadic, o Asnar, o Verdugo, o Churreta, estaban de acuerdo con este orden; pero sí una parte importante de ellos, la dominante, la enquistada en la sociedad sueca.
¡Qué miserables! Porque, además de amargar la vida a chilenos refugiados, impedían a compatriotas acceder a beneficios de la sociedad, mal recomendándolos ante los funcionarios de la burocracia estatal u ocultando información necesaria.
La mayor parte de estos ilustres habían sido simpatizantes (no mlitantes) de la extrema izquierda; aunque de aquel pasado "revolucionario" estos lejanos descendientes de europeos, nada querían saber, únicamente de los apellidos. Incluso tomaron distancia de actividades solidarias durante los peores años de la dictadura en Chile.
Si era Pérez o Huenchuñir, el exiliado tenía que resignarse a continuar su militancia comunista o a integrarse en algún comité de solidaridad con los llamados pueblos originarios. En cambio, si tenía un apellido parecido a Maccherone, Vanadic, o Asnar, o Verdugo, o Churreta, pasaba al nivel de estos tránsfugas, si damos a las cosas su nombre.
No diré que todos estos Maccherone, o Vanadic, o Asnar, o Verdugo, o Churreta, estaban de acuerdo con este orden; pero sí una parte importante de ellos, la dominante, la enquistada en la sociedad sueca.
¡Qué miserables! Porque, además de amargar la vida a chilenos refugiados, impedían a compatriotas acceder a beneficios de la sociedad, mal recomendándolos ante los funcionarios de la burocracia estatal u ocultando información necesaria.
La mayor parte de estos ilustres habían sido simpatizantes (no mlitantes) de la extrema izquierda; aunque de aquel pasado "revolucionario" estos lejanos descendientes de europeos, nada querían saber, únicamente de los apellidos. Incluso tomaron distancia de actividades solidarias durante los peores años de la dictadura en Chile.
Hubo uno que viajó a España a rastrear su árbol genealógico. Gastó mucho dinero para saber que su descendencia era conocida dentro del bandolerismo y que algunos de ellos habían sido echados a las galeras reales encaminadas a América.
Dado el traspié, este señor prefirió quedarse con su chilenidad, teniéndola por gran honor.
Había otro que aseguraba ser descendiente del fundador de una república española.
Era el que enriscaba la nariz para decir: «A estos rotos los huelo a distancia».
Hasta que no resbaló en el hielo, desplomándose, tan torcidamente que prensó la nariz en la fría y dura realidad del suelo.
Le tuvieron que modelar una a lo Michel Jackson.
Hoy la situación es muy diferente, porque la descendencia de inmigrantes es variada: mezclas de suramericanos con suecos, árabes, polacos, rusos, finlandeses, etc., lo que deja convertida la pirámide social basada en los apellidos, en un ruma de basura. O sea, lo que siempre fue, porque hoy se tiene clara consciencia de que la mentalidad colonizada es otra versión de racismo, que tanto daño ha causado en las sociedades. Así que, ni siquiera es tema oportuno a conversar en una sobremesa, y si hubiera alguien que lo hiciera, se burlarían de la nariz entremetida y tonta.
Dado el traspié, este señor prefirió quedarse con su chilenidad, teniéndola por gran honor.
Había otro que aseguraba ser descendiente del fundador de una república española.
Era el que enriscaba la nariz para decir: «A estos rotos los huelo a distancia».
Hasta que no resbaló en el hielo, desplomándose, tan torcidamente que prensó la nariz en la fría y dura realidad del suelo.
Le tuvieron que modelar una a lo Michel Jackson.
Hoy la situación es muy diferente, porque la descendencia de inmigrantes es variada: mezclas de suramericanos con suecos, árabes, polacos, rusos, finlandeses, etc., lo que deja convertida la pirámide social basada en los apellidos, en un ruma de basura. O sea, lo que siempre fue, porque hoy se tiene clara consciencia de que la mentalidad colonizada es otra versión de racismo, que tanto daño ha causado en las sociedades. Así que, ni siquiera es tema oportuno a conversar en una sobremesa, y si hubiera alguien que lo hiciera, se burlarían de la nariz entremetida y tonta.
Martes, 14 de Febrero de 2006, 16:00
*El caso de Mauricio Rojas es uno de los más vergonzosos. A este ex militante, o simpatizante del MIR, no le bastó justificar el golpe de Estado en Chile, sino, además, se integró al partido más derechista de Suecia.
También están los que llegaron refugiados a Rumania, cuyo asilo menospreciaron, atraídos por el estándar de la sociedad sueca. En la actualidad se les reconoce por sus rabietas contra el régimen cubano y todo lo que tenga que ver con la ex Unión Soviética.Los compatriotas los comparan a esos ácaros conocidos con el nombre de ladillas.
LA REVERENCIA OCULTA DE DON MARIO VARGAS LLOSA
Usted, don Mario, en un artículo publicado el 12 de febrero, en La Tercera de la Hora, Chile, comentando socarronamente el enorme malestar del mundo musulmán causado por la caricatura de Mahoma en el diario danés Jylland Posten, se pregunta: «¿Puede llegar a ocurrir lo mismo algún día en la Europa de Voltaire, la de las luces, la que instauró como un principio básico de la civilización el derecho de crítica, de irreverencia, no sólo ante los gobiernos, también ante los dioses, la libertad de expresión y la convivencia de diversos credos, costumbres e ideas en una sociedad abierta?»
¿Pero qué ocurre con Ud, don Mario? ¿Es que ha estado ciego y sordo?
¿O qué?
¿No ha leído en la prensa de Occidente que el Opus Dei pide tijera para El Código Da Vinci?
¿No ha leído el tremendo escándalo que causó el pesebre con el futbolista David Beckham, como José, y la cantante Victoria Adams, como María, el cual debió suspenderse?
¿O con Sinéad O'Connor en EEUU, en 1992?
¿Ni nada ha oído de las iras de la Iglesia condenando el pensamiento de Umberto Eco y la narrativa de José Saramago, a tal punto que si viviéramos en época del Santo Oficio, habrían terminado en la hoguera, pues ganas a los cardenales no les faltan?
¿Se atrevería un humorista a caricaturizar al papa Benedicto XVI con una esvástica en la mitra?
Sería de pésimo gusto, según mi opinión.
¿Cómo se sentiría en Occidente ver tanques iraquíes en el plaza del Vaticano?
Pero esta falta de humor a las irreverencias no solo se da en la Vieja Europa, como Ud. también quisiera llamarla, pues en EEUU, país el cual defiende y cuyo terrorismo de estado, al parecer, justifica, no es ajeno a las intolerancias ni deja de ser sensible a las irreverencias, sobre todo en materia religiosa.
De su juventud, en 1966, Ud. recordará el enorme escándalo que se armó por la declaración de John Lennon cuando se atrevió a decir: «The Beatles son más populares que Jesucristo», lo que la Iglesia utilizó para derribar de la popularidad al conjunto de Liverpool.
Para qué hablar de los EEUU del Bush hijo: la
lista de censuras a las irreverencias es inacabable.
Y no voy a enrostrar su defensa de la libertad de expresión en el mundo occidental, porque Ud. como nadie sabe que eso es un cuento, pues todos los medios de comunicación condicionan sus publicaciones al interés de los dueños y de los que detentan el poder, de otro modo no se explicaría que toda la prensa de este lado transmita en la misma onda respecto a este alboroto y que apenas dé cobertura a la irreverencia.
Es decir, la irreverencia suya, don Mario, es mañosa, es parcial, por tanto, apelar a su derecho en el caso que defiende, es irreverente contra ese derecho, pues le niega su carácter justo.
Don Mario, no es que quiera justificar a los violentistas, ni soy tan ingenuo para no advertir la manipulación que los radicales islámicos hacen del malestar de los creyentes, sólo digo que se debiera tener respeto, pues se ha de tomar en cuenta que sus códigos no son los nuestros y que en este planeta la cultura occidental ni su modus vivendi pueden ser considerados superiores, porque sostenerlo sería un disparate. Yo creo que por medio de la percepción del otro y del respeto, se hallarán las respuestas y la concordia para la paz, que harto la estamos echando de menos.
Miércoles, 15 de Febrero de 2006 14:39
LA ASOMBROSA VELEIDAD DE LAS PALABRAS
Hoy quiero iniciar esta crónica, invitándolos a
seguir un juego de palabras, propuesto en esta proposición:
MSN Messenger es contacto sin tacto.
Consulto diccionario.
CONTACTO: Unión de dos cosas o personas de manera que lleguen a tocarse.
TACTO: 1. Acción de tocar o palpar. 3.
Habilidad o delicadeza para tratar asuntos conflictivos o personas sensibles.
Ahora leo las paradojas descubiertas en la proposición:
MSN Messenger es tocarse mutuamente sin tocarse o sin tener sentido del tacto (y/o sin tino para tratarse).
Además puedo interpretarlas: son relaciones
falsas o frustradas.
Incluso me puede dar el punto de partida de
una novela al estilo de Faulkner:
Una pareja está obligada a vivir una vida sin caricias, ni en la cama se toca (ya por el tiempo de estar junta, el desamor, como se sabe, o porque tiene atrofiado el sentido
del tacto de las manos, ya por accidente, ya por razones congénitas, ya por la contaminación ambiental), salvo cuando está dormida (se toca pero no se da cuenta de ello (tal vez en el sueño vivirá esa nostalgia), pero al día siguiente considera que no habido tocaciones, y como muy convencida está de ello...
Así pienso que se gestan historias en la mente, ni el autor sabe lo que va a escribir, y todo por unas palabras, por sus disposiciones en el texto, que nos derivan hacia espacios impredecibles, inexplorados.
Exageración o no, es un punto de partida para escribir esta noche acerca de la asombrosa velléité de las palabras.
La gente suele decir: «No me interpretes mal...»
Pero lo cierto es que lo dijo en la inconsciencia, en la ignorancia del poder de las palabras sobre ella, la hablante.
Nosotros estamos convencidos de concebirlas, pensarlas o decirlas. Mas no, ellas nos dicen. Ellas nos conciben y nos piensan.
Fue Julia Kristeva la dueña de esta afirmación:
«Hablo y me oyes, luego existimos».
Esta certidumbre me pena desde la infancia,
intuida entonces, pero nítida, clara como la luz del día, después, hoy.
Debido a esto, leer y escribir es para mí estar
dormido velando, así como oír una palabra es estar oyendo en ambas orejas las palabras oídas a lo largo de la vida en relación a ella, sin confusión.
Como me ocurre con estos versos de José
Lezama Lima, pertenecientes al poema “Sobre un grabado de alquimia china”.
[...] Encima de la mesa
se ven tres cojines grises y azules,
en dos de ellos hay como figuras geométricas
hechas con huevos irrompibles [...]
Tal vez debí escribir el poema, sin embargo, por razones de espacio, he preferido citar el fragmento donde las palabras aparecen moviéndose de una posición a otra.
Veamos:
En el primer par de versos tenemos un 3 que
pone equilibrio, dinamismo y equivocidad, pues no sabemos si se trata de sólo tres cojines, dos de los cuales son azules y uno gris, o viceversa, o si se trata de 3 cojines donde cada uno tiene gris y azul, o si se trata de sólo 3 cojines azules y/o grises, simultáneamente.
En el segundo par, tenemos lo imposible hecho posible, es decir, lograr hacer de una figura cerrada y definitiva (irrompible), como es la forma ovalada del huevo, figuras geométricas.
“¿Como cuáles figuras diferentes a la forma del huevo?”, tiene uno que preguntarse, y aunque se haga esfuerzo, no se las puede imaginar. Sin embargo en el texto, gracias a la veleidad de las palabras que conforman la imagen, vemos esas figuras, sin que podamos describirlas, por cierto.
Lo mismo puede experimentarse en los textos de Gertrude Stein. Como botón de muestra, este fragmento:
BROTES TIERNOS
Dentro existe el sueño, fuera el enrojecimiento, en la
mañana existe el significado, en la tarde el sentimiento. En
la tarde existe el sentimiento. En el sentimiento cualquier
cosa descansa, en el sentimiento cualquier cosa se acumula,
en el sentimiento existe resignación, en el sentimiento existe
reconocimiento, en el sentimiento existe repetición y completamente equivocado existe un pellizco. Todas las posiciones tienen vaporizadores y todas las cortinas tienen edredones y todo lo amarillo tiene discriminación y todo el círculo tiene circunferencia. Esto hace la arena.
Si Ud. quiere intentar separar estas palabras,
por favor, no lo haga, corre el riesgo de hacer
saltar por los aires, su mente.
Jueves, 16 de Febrero de 2006 23:10
ORIGEN DE UN POEMA
En esta ocasión les contaré el origen de un poema escrito por mí, hace poco.
Antes he de decir que es asombroso sorprender la mente en su labor de recopilación y almacenamiento.
Como no soy psicólogo ni disecciono cerebros de muertos, me limito a los recursos del arte de la literatura (la que se escribe) para explicármela.
Entonces puedo decir que es como el conductor de un automóvil que nunca deja de espiar en el espejo retrovisor la ruta recorrida. Mientras los ojos ven lo que viene, el espejo nos muestra lo que ha sido.
Lo curioso es que ese ha sido, por obra de la
mente, es futuro visto en el espejo retrovisor, como si en vez de ir hacia él, nos alejáramos.
Por tanto, la visión hacia delante (de izquierda a derecha) y hacia tras del conductor (de derecha a izquierda), forman en la línea del tiempo, una circunferencia, dotando al conductor de una visión tridimensional y convirtiendo el viaje en un constante presente.
Gracias a esto, según percibo esta labor, nos
permite ver las correspondencias de las cosas, aun cuando están lejanas, lo que en el esoterismo se conoce como philosophia occulta, una mágica visión del mundo donde todo coincide y se refleja en analogías.
Si no fuera así, o mejor dicho, si no me la imagino de esta forma, ¿cómo explico el origen del poema?
Pues, bien, el origen.
En una conversación, alguien recuerda a un
centroamericano que suele hablar de la cultura maya con excesivo entusiasmo, pueblo originario de América cuyos rituales considero crueles.
Horas antes, yo había estado escuchando una conversación de una radioemisora de Estocolmo acerca del castigo a la infidelidad en Somalia.
El día anterior había visto una fotografía de las pirámides egipcias, y no siendo novedad, me atrajo su condición de tumba deliberadamente geométrica enfilada hacia al cielo astronómico.
Esa noche, en uno de los sueños, de manera
compulsiva intentaba yo poner un triángulo con los códigos HTML en mi blog, lo que es imposible.
De mañana fui a sacar dinero y marqué
equivocadamente tres veces el número de mi
cuenta, quedando clausurada hasta dar aviso, lo que me puso de mal humor, y con ese ánimo, escuché la conversación acerca del centroamericano.
Finalmente recordé que en mi ciudad se lee mal mis poemas, pues, como en todo el país, se espera que la poesía resuelva su acatafasia (o acatafrasia).
Desganado, en el ordenador escribí la palabra triángulo, como para estirar los dedos, sin embargo no pararon hasta acabar en poema.
Curioso, ¿no?
El poema corresponde a un proyecto iniciado en un blog sueco, donde me propuse escribir uno cada noche. El libro ya tenía título: El peregrino ciego.
XII
Imagina un juicio por el amor que siente, que justifica el extrañamiento que la ciudad le ha hecho.
Triángulo triste eres
Porque trigo no métrico será siempre‘l cuerpo para el
[sacrificio
Porque fuiste‘l fin triste de tres tristes en el trapecio
[tríptico
Sin aire sin malla
Sin aire tres sacerdotes airean la sala del tribunal
Y tres pontífices trincan con filos de tigre tripudo las tres
[manos tuyas
De la infidelidad
Infinito es el poder de la tentación te excusas
Y triste triste triste es la tribulación en el tribunal
(En el cielo ojo tridimensional)
Al alba tres gallos ciegos cantan un san pedro
Porque‘l señor del tridente tranca los portones como a
[través de años
Dando vuelta el triángulo en un ángulo de la sala
¡Oh corazón triangular sin corazón!
Cómo tragas saliva
Sabiendo que trigonometría
Non est sancta
Así que sangra en la piedra infame del juicio maya
Malla en mano ahora trituran y trinchan de tres en tres
[tu alma
Alma sin angular
Almacenada en tristeza para la trágica comedia
Como si oficio de tristeza fuera correr sangre por las
[aristas hasta el trémulo vértice
Ve cómo te tienen
Y cómo suena el triángulo entre las piernas de tu
[ángulo!
Y cómo gritan
¡Muera el triángulo obsceno!
Mientras tres tréboles mercenarios tratan la capa de tu
[alma fuera de tu alma
(¿Alcanzas a ver cómo s’estrangula el ojo tridimensional?)
Triángulo trágico
De tres tristes
De tres tréboles
¿O de muchas hojas para un trébol?
¡Culpa de un corazón triangular sin corazón!
18 /01/ 2006 ]
Lunes, 20 de Febrero de 2006 11:47
Jueves, 23 de Febrero
«UNA ROSA ES UNA ROSA»
El ánimo no anda nada de bien, pero el humor de la poesía, siempre cargado de sugerencias, me ayudará a expresar la melancolía.
Esta vez he titulado esta crónica con un pétalo de poema de Gertrude Stein.
Ya vendrán días mejores, entonces los textos
serán más largos.
La rosa.
Así ve el científico el nacimiento de una rosa:
CHO + O
energía + CO2 + H2O
que es la fórmula inversa a la de la fotosíntesis.
Y así una poeta, Gabriela Mistral:
Fina, la medianoche.
Oigo los nudos del rosal:
La sabia empuja subiendo la rosa.
Jueves, 23 de Febrero de 2006 12:58
SOLEDAD: UN LUGAR OBLIGADO EN ESTOCOLMO
Ha hecho frío. El lago sigue congelado y la nieve lo ha puesto completamente blanco.
Anduve de fiesta. No bebo alcohol pero la embriaguez de los amigos me contagia. Yo creo queme veo más embriagado que ellos.
¿De qué conversamos? Ni lo recuerdo. Sin embargo fue divertido.
El anfitrión nos invitó con ostras. Su casa queda en Linnégatan. Es antigua. Sus paredes están cubiertas de cuadros valiosos.
Cuando nos veníamos, apenas podíamos caminar en la nieve y con la ventisca en contra.
Éramos tres figuras en la calle.
Bajamos al andén vacío de la estación del metro de Karlaplan. Entonces me detuve a pensar en algo que había observado muchas veces pero no asimilado debidamente.
Que en Estocolmo siempre se va a dar a la soledad. Y esto puede ocurrir una noche de viernes en pleno centro: me pareció un borrón en la realidad.
No me quejaría si sólo fuera increíble, sino
porque es inaceptable.
Miré a mis amigos: ellos hablaban y bromeaban.
“Tanta adolescencia”.
Era la soledad.
Domingo, 05 de Marzo de 2006 16:38
LA ASEPSIA: LA FILOSOFÍA DE HOY
¿Por qué no atreverse a caminar por el lago congelado?
El aroma del hielo es embriagador; su aliento, la leve neblina que exhala; y su advertencia tácita: frágil el terreno como es el minuto en el cual das el paso.
Mi paso es fugaz; frágil mi sentido y lo sentido. Precisamente en este momento lo confirmo, al escribirlo.
¿Existió?
La temperatura sube; la superficie helada suena a desilusión.
Frágil es también el mundo, sobre todo la vida en el avión, o en el ferrocarril.
El mundo tiene una bandera, y, en la bandera, un símbolo: la copa trizada.
Frágil el matrimonio, la familia, la amistad.
El amor..., a una estalactita se compara.
Y todo el mundo solo piensa cómo asegurarse, protegerse e inmunizarse.
La filosofía de la asepsia (ahora recuerdo haberlo leído del filósofo Peter Sloterdijk), y por esta asepsia, sacrificamos la libertad, aquel 'mal negocio' que reprochábamos a los llamados países del Este, al 'socialismo real'.
Mas aquello es tema inoportuno y, si se quiere, olvidado.
Los gobiernos, los reyes, los papas y los sistemas pasan y sus obras desaparecen.
A la tumba, «allí van los señoríos derechos se acabar y consumir».
Relativo es el apoyo a los partido políticos.
Tremendos márgenes de error se permiten las encuestas.
Nadie cree, creen.
Las estaciones del año se han corrido.Tan absurdo como que nieva en el desierto y un sol de trópico derrite los glaciares.
También el Cielo, que se nos ha alejado años luz de las oraciones. Detrás de las estrellas, se supone.
Frágil es la salud del individuo y de la Humanidad.
Los genes nos confunden.
¡Por fin no hay verdades ni mentiras!
Sí, la filosofía de hoy es saber que, pese al enorme desarrollo científico-técnico, somos tanto o más vulnerables que en el tiempo del mamut y del tigre de los colmillos de sable, pues un virus nos mata.
Por eso esta filosofía ha resultado fría y frágil como la superficie congelada del lago.
Sin embargo, a veces nos atrevemos.
«Este es un pequeño paso para el hombre; insignificante para la Humanidad».
El aroma del hielo es embriagador; su aliento, la leve neblina que exhala; y su advertencia tácita: frágil el terreno como es el minuto en el cual das el paso.
Mi paso es fugaz; frágil mi sentido y lo sentido. Precisamente en este momento lo confirmo, al escribirlo.
¿Existió?
La temperatura sube; la superficie helada suena a desilusión.
Frágil es también el mundo, sobre todo la vida en el avión, o en el ferrocarril.
El mundo tiene una bandera, y, en la bandera, un símbolo: la copa trizada.
Frágil el matrimonio, la familia, la amistad.
El amor..., a una estalactita se compara.
Y todo el mundo solo piensa cómo asegurarse, protegerse e inmunizarse.
La filosofía de la asepsia (ahora recuerdo haberlo leído del filósofo Peter Sloterdijk), y por esta asepsia, sacrificamos la libertad, aquel 'mal negocio' que reprochábamos a los llamados países del Este, al 'socialismo real'.
Mas aquello es tema inoportuno y, si se quiere, olvidado.
Los gobiernos, los reyes, los papas y los sistemas pasan y sus obras desaparecen.
A la tumba, «allí van los señoríos derechos se acabar y consumir».
Relativo es el apoyo a los partido políticos.
Tremendos márgenes de error se permiten las encuestas.
Nadie cree, creen.
Las estaciones del año se han corrido.Tan absurdo como que nieva en el desierto y un sol de trópico derrite los glaciares.
También el Cielo, que se nos ha alejado años luz de las oraciones. Detrás de las estrellas, se supone.
Frágil es la salud del individuo y de la Humanidad.
Los genes nos confunden.
¡Por fin no hay verdades ni mentiras!
Sí, la filosofía de hoy es saber que, pese al enorme desarrollo científico-técnico, somos tanto o más vulnerables que en el tiempo del mamut y del tigre de los colmillos de sable, pues un virus nos mata.
Por eso esta filosofía ha resultado fría y frágil como la superficie congelada del lago.
Sin embargo, a veces nos atrevemos.
«Este es un pequeño paso para el hombre; insignificante para la Humanidad».
( Lilla Essinge, 11 de febrero de 2006)
ÍNDICE
Crónicas de Estocolmo 00En un hotel de refugiados 00Riñones de terriloquillo al jeréz 00El mono cibernético 00Reina de la belleza 00En medio de la naturaleza 00El ángel y el comisario de la guardia 00Un diario madrugador 00Reflexión 00Recién llegados 00El anti indio, anti chileno y anti turco nosotros los chilenos 00Fin de siglo 00Chillanejo en Estocolmo 00Don Carlos René Ibacache 00Ñuble: tierra de poetas 00La hija de Iván Pavlov 00Helena de Troya, Yeats, Borges y mi tristeza 00Mientras espero a Godot, contemplo mis zapatos rotos 00En busca del gato Hermes 00Nariz en exilio 00La reverencia oculta de don Mario Vargas Llosa 00La asombrosa veleidad de las palabras 00Origen de un poema 00«Una rosa es una rosa» 00Soledad: un lugar obligado en Estocolmo 00La asepsia: la filosofía de hoy 00

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