miércoles, 20 de octubre de 2021

De la primera edición de El túnel, 1978, Santiago de Chile



LITURGIA NOCTURNA DEL VINO
A los amigos de aquellos años

Y comienza el rito del vino. Largos besos de ardiente esencia pone el vino en las ansiosas bocas. Las risotadas se elevan hacia la opalina tersura de la noche. De pronto la concurrencia es rumor burbujeante.

VOZ DEL VINO:

Porque hablarás en todas las lenguas
cuando mi sangre te toque
y nacerá una canción de lila
a la manera de la flor de la higuera
solo para un instante de noche

HOMBRE 1:

¡Que el vino no se detenga!
¡Que apresure su ronda!

HOMBRE 2:
Porque se inicia lenta danza de sombras
aunque tal vez no es danza
sino muerte floja

Gritos, llantos, cantos arrítmicos: cántaros que van cociendo alma en vino. Pequeño infierno o pequeño Edén. Es el clímax del rito.

VOZ DEL VINO:

Empobrecerás
y como el viejo Job
maldecirás
y nunca sabrás
que por fin en tu voz
encontré voz
y en tu cuerpo
dolor para mis heridas

HOMBRE 3:

Que no se detenga la ronda

HOMBRE 4:

Mi pobre alma está rota...
¡Rota!

Chirría una lechuza. Una sombra, maniatada con su monólogo, llora; luego resbala por la vertical de un maitén y cae, blanda, sobre el húmedo pasto de medianoche.

VOZ DEL VINO:

¡Que todos beban mi sangre
que no sacia ni tiene fin!

Un hombre, canturreando un corrido, baila con su sombra. Yendo hacia diversas direcciones, termina por tropezar y caer. Una queja, y el silencio.

HOMBRE 5:

La ronda ya se agota…

HOMBRE 6:

…se agota la ronda

HOMBRE 7:

Apuremos la última copa

La noche en cacho de plata, empina el último trago de vino. Un gallo en un poste, como punto sobre la  i, desgrana las notas de su canto.

VOZ DEL VINO:

Ha llegado la hora
y aún queda vino en los odres
para muchas bocas

LA AURORA:

Todos duermen
Se agotó la ronda

El rito ha concluido.

🍇🍷🍇

martes, 19 de octubre de 2021

.POEMAS MUSICALIZADOS


POEMA DEL LIBRO EL EDÉN, SEÑORA MÍA, NUNCA HA EXISTIDO. QUE OBTUVO EL PRIMER LUGAR EN EL CONCURSO DE POESÍA ORGANIZADO POR AGUJA LITETARIA EN 2019, SANTIAGO DE CHILE.

Parte del premio era la musicalización de seis poemas del libro.

SU TÍTULO ES "LA SEMILLA".

Composición, arreglos, producción, guitarras, teclados, bajo, programaciones:
Ivo Yopo.
Coros: Francisca Schmidt
Mezcla: Felipe Flandez
Masterización: Chalo González
Interpretación: Paloma Soto

PULSA EL ENLACE PARA ESCUCHAR LAS CANCIONES 


Fotografía: Nataniel Durand
(La rosa es artificial)

SEMILLA OLVIDADA

Lo que ves en esta mano es una rosa
Y como cualquier rosa
Tiene espinas
Sus pétalos no son párpados
De mi sueño
Del sueño que soñé contigo

Con la rosa voy
Con la rosa y sus espinas
No la riega agua alguna
Sino un recuerdo

Mas te digo
Si lo que ves en esta mano es una rosa
Cuya semilla quizá tú no recuerdas
No es una rosa
Sino tu amor florecido
Esta tarde
En mi poema


☃️

sábado, 2 de octubre de 2021

Poesía




 SALÓN DE JAZZ

ay débora
me niegas
bailas
como me niegas
desdeñas la mariposa nocturna
de mi mano
mi mano
también baila
no obstante resbala
pues húmedos están mis dedos de pasarlos por los ojos
grave
mi pobre mano
huérfana
cruzada
de líneas vagarosas más bien fatales
murmura tu nombre
se levanta
baila en el salón de jazz
que desvariada 
se ha puesto
de no saber nada de tu destino ebrio de vértigos
oh mi pobre mano
de nuevo cae
cae
como murciélago
en el teclado
del piano
que duke
ellington
toca
tu sombra
a la luz de un ojo de gato
baila
baila con el gabán que perdí en el salón
oscuro de tus ojos
muchacha nadaísta
¿quién baila?
tu ausencia
tu ausencia es laquebaila
mueve
caderas
se desplaza
libre
mientras un zapato sigue el compás en el piso de la luna
mas
ay débora
ay los guardias
los guardias vienen
y me toman de los brazos
me empujan
y me arrojan
del salón de jazz
como
de tu vida
ay
débora

💃


Isspirado en "Satin Doll" de Duke Elligton.94.10.19 Hogdalen


Stampen
(Salón de jazz en Gamla Stan, la Ciudad Vieja de Estocolmo.
A èl dedico este poema )



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MI DULCE COMPAÑÍA
dedicado a algunos autores.

http://madolcacompanhia.blogspot.com/

martes, 21 de septiembre de 2021

Del libro Lapis exilis


DÍAS DE INFANCIA


Días de mi infancia y mi adolescencia
¿Qué sensación era aquella la de a veces?
¿Lo sabré algún día?
¿Se me revelará al cerrar los ojos en la muerte? 

Me recuerdo en tardes en que por los juegos daba
En eriales solos en que se me imponía el cielo
Y confundido me dejaba el abandono del mundo 

Asustado entonces corría adonde los otros
Para mirar desde el grupo aquel lugar turbio
Como si un canal del cosmos hubiera topado 
O pasado a llevar una fibra prohibida del misterio 

Y ya nada conseguía restituir la alegría del juego 
Y menos el paraíso del amor adolescente
Solo noches en que miraba desde la cama la luna
Y mi soledad por causa de lo que aún ignoro 


98.11.11.
Högdalen



jueves, 16 de septiembre de 2021

Mi HOMENAJE

 
DON CARLOS RENÉ IBACACHE:EL HOMBRE QUE RECUPERÓ LA LIBERTAD PARA LOS JÓVENES POETAS DE CHILLÁN MUCHO ANTES DE QUE LA DICTADURA CAYERA



Don Carlos, en mi historia, es la persona adulta por la que sentí gran afecto. Así como se quiere a un padre.
Cuando me lo presentaron, una junta militar impuesta tras un sangriento golpe de estado, aterrorizaba la sociedad.
Muchos fuimos perseguidos, detenidos y torturados brutalmente. A otros los asesinaron y arrojaron sus cadáveres a ríos, sitios abandonados, o simplemente los hicieron desaparecer vaya uno a saber dónde.
Milagrosamente yo sobreviví la tortura de retenes y comisarías de Carabineros. 
Estuve encarcelado hasta fines de febrero de 1974. De ahí me enviaron relegado a un lugar rural de Ñuble (de esos olvidados por la civilización), bajo control militar y con la obligación de presentarme en el Regimiento cada viernes.
No es difícil imaginar lo desmoralizador que puede llegar a ser para una persona de la ciudad verse obligada a vivir en un ambiente que es lo contrario del propio; además, estar expuesta a las intimidaciones nocturnas de carabineros, como la de apuntar los focos del jeep hacia la vivienda donde reside.
Los lugareños, rudos y analfabetos, a pesar de la desconfianza, me parecían cordiales, a su manera. 
Me llamaba la atención, a medida que conocía sus nombres, el estrecho parentezco entre ellos. En unos, el apellido materno de otros, era el paterno. Es probable que la hemofilia leve de un joven y la ausencia congénita de pigmentación de una muchacha, tuviera aquí su explicación.
Intenté adaptarme a la vida campesina, sin éxito. 
La vivienda, una casucha sin electricidad, poblada de ratones que no paraban de rondar durante la noche los pocos libros y revistas que me quedaban.
Aun así, me consolaba pensando que en Chillán una vida llena de sobresaltos, me hubiera enloquecido.
Al caer la noche, la total oscuridad del campo se convertía en la imagen de mi día a día.
Retomé textos que había compuesto en la cárcel y guardaba en la memoria.
Escribir se tornó mi resistencia, y leer libros que compraba en la Librería Maureira, ubicada en la Avenida Libertad, o libros viejos que compraba en El Arca de Noé, en la Feria del Mercado.
Sin embargo en ningún momento me sentía cómodo. En absoluto.
El pesimismo en que me iba sumiendo, presagiaba un final trágico.
En 1976, en una de esas salidas a la ciudad en que me tocaba control en el Regimiento, el dueño de la Librería Maureira me presentó a un caballero sereno y amable.
Se parecía a mi papá en su modo de ser.
Se llamaba Carlos René Ibacache, presidente del Grupo Literario.
Me contó que se reunían los miércoles en una salita que tenía el Grupo de Cámara Santa Cecilia en la Sala Scheaffer. Al atardecer.
Cordialmente me dijo que sería bienvenido.
Por el camino, exclamaba, impresionado hasta las lágrimas:
“¡Valiente gente! ¡Adorable!”
Que se atrevieran a reunirse a leer poesía en un periodo donde los libros eran vistos por la dictadura como bombas molotov, me emocionaba, me enternecía y me enorgullecía. Había columnistas como Hermógenes Pérez de Arce, un tal Ruiz-Tagle, Pablo Rodríguez Grez, un Maximiliano no sé cuánto, que pedían poner ojo a los centros culturales, pues constituían nidos de comunistas.
Para los socios del grupo literario, como si lloviera.
Pero ahí estaba don Carlitos con su carita redonda, su mirada risueña detrás de los lentes.
Terminada la lectura y el diálogo, venía el cafecito de la convivencia.
Después había que irse a casa por el toque de queda.
En la primera asistencia, no salía de mi asombro.
Era como si se hubiera abierto una puerta en el Cielo.
¡Dios, Dios mío!
Así que con entusiasmo continué la escritura. Sobre todo cuando don Carlitos propuso un miércoles que “en la próxima reunión Harold podría leer sus textos. Si a él le parece".
¿Quéee? “¿Si a él le parece?”
Ja, ja, ja. ¡Qué nobleza, viejo lindo!
"Por supuesto, con todo gusto. Un honor", murmuré, tímido.
Pues, entonces, el miércoles siguiente leí los poemas que por ese momento creía casi listos.
Fue emocionante. Aplaudieron. Luego los comentaron (qué lujo). A una socia, bajando la voz, les parecieron algo atrevidos.
Don Ernesto Vásquez Méndez habló de las claves de la poesía. Toda una lección que me llevé a la casa de campo para tener en cuenta en el momento de la corrección de los poemas, a la luz de una vela.
Después me enteré que don Carlos había escrito una crónica nada menos que en el diario de la ciudad, ¡La Discusión!
¡Wau! No lo podía creer.
Yo no daba más de orgullo por mis poemas. Incluso, tonto me puse. Lo que no importó a don Carlos ni a don Ernesto. Se reían.
Con el tiempo fui tomando confianza y asumiendo mi condición de poeta. Como debía ser, pienso ahora.
Mientras en el país las cosas no iban mejor. El pueblo pasaba hambre y no había barrio que no tuviera un vecino detenido.
La brutalidad, la incultura, la hipocresía, la miseria humana campeaban.
En la pantalla del televisor del restaurante vi a escritores que en condiciones normales, nadie hubiera dado una chaucha por ellos; sin embargo, posaban como los galácticos de la literatura nacional.
Hubo otros que aprovecharon el vacío que dejó el fallecimiento de Pablo Neruda y la ausencia de poetas que se vieron obligados a emigrar, para granjearse la simpatía de la juventud y la Junta militar asi catapultar su fama.
Como se ve, nada de fácil para los escritores naturales.
Radio Moscú, en su programa Escucha Chile, leyó un poema mío con el seudónimo de Pablo del Sur. Y eso fue todo.
Los poetas necesitaban más que eso. Su territorio, su lugar en la sociedad para cumplir su función. Condiciones que no podían venir de ninguna manera de las instituciones del régimen militar.
Alguien tenía que liderar la iniciativa, la reivindicación.
Debía ser una persona cuya condición humana fuera de dimensiones, porque tendría que mantener a raya al coronel de la zona.
Todavía más. Capaz de imponer respeto para llevar a cabo programas en las radioemisoras, editar revistas y libros y organizar festivales de poesía.
Para bendición nuestra, en Chillán tuvimos a esa persona: don Carlos René Ibacache.
Y no resultaba fácil para él. 
Más de una vez el coronel lo citó a su oficina, ‘allá arriba’, para "advertirle" que controlara a su gente.
También hubo un engreído que se mofaba de don Carlos, por abrir las puertas del Grupo Literario a la juventud y la dueña de casa.
Sí, nosotros, lo jóvenes fuimos atrevidos. Perdimos el miedo y nos comportamos de manera irresponsable.
En una oportunidad el Grupo Literario organizó una lectura en el salón de la Sala Scheaffer. Habíamos cinco personas en la mesa del estrado. Don Carlos ofició de moderador.
En la planta baja del salón, en la primera fila, el jefe de plaza —es decir, un militar de alto grado—, un representante de la Iglesia católica y uno de la Municipalidad.
La sala estaba llena.
Llegado mi turno, ignorando el protocolo, saqué del bolsillo mi primer poema contestatario, y lo leí.
Era notorio que las autoridades estaban incómodas en las butacas.
Al término de la lectura, el aplauso fue grandioso. Incluso algunos jóvenes, como Patricio Sobarzo, gritaron "¡Bravo! ¡Bravo!"
Yo, qué decir, estaba desconsideradamente feliz.
Don Carlos, el miércoles siguiente, me contó que lo habían citado ‘allá arriba’. Sin embargo no me reprochó nada, ni me pidió prudencia.
Por eso puedo asegurar que nosotros fuimos libres mucho antes del debilitamiento de la dictadura y su caída.
Gracias a don Carlos René Ibacache.
Por eso, el Grupo Literario Ñuble, su obra, debería tener su propia casa, con su retrato, en honor a este gran hombre.
Los escritores y poetas, Chillán, se lo deben.


Chillán, 2 de septiembre de 2021.

martes, 17 de agosto de 2021

Del libro Gizbar

Ulises vuelve a casa, mas no a Ítaca




No fui a ninguna Troya
Que mi casa la dejé por nada
No más quería ver el mundo
Otras gentes y otros cielos
No con estos ojos sino otros
Mas lo único que logré en el afán
Fue ponerme enfermo y viejo
Y quedar totalmente ciego

¿Vas a volver a Ítaca?
A Ítaca quiero díjeles
Que dejé muchas cosas
Discos libros películas
Mis hijos con sus hijos
Mi Ítaca con mi casa
Así nunca haya habido
Troya y tampoco Ítaca

Y los vientos me llevaron
Hasta la isla de Ogigia
Y el elixir que bebí ahí
Me hizo decir mi poema
Mas al verla ahí sentada
Sonriente celeste rosada
Dándole luz a mi faz opaca
Dije ¿Y si en vez de Ítaca?

Y por ir a ninguna Troya
Y andar de vuelta a Ítaca
Y haber hecho todo por nada
Irme debía a las olas del mar
Y navegar de puerto en puerto
Contando la historia de Ulises
Que no fue a ninguna Troya
Ni era de Ítaca ni tenía casa




viernes, 23 de julio de 2021

Del libro Cuaderno de Adán


Isaac Lavín ha escrito:

El poema pertenece al libro Cuaderno de Adán, editado en  Estocolmo, en 2004.

En sus páginas, Adán —luego de la expulsión del Edén— irá registrando el anhelo de volver a ser uno, ahora en poesía.

Como lectura final, se podría decir que en este poema el cuaderno personifica a Eva, así como Eva, la poesía:

"Tú eres este cuaderno que me dejas".



ADIÓS

Tú eres este cuaderno que me dejas
Esta rosa guarecida de la lluvia
Y secreta para la mano amartelada*

Eres la miel que aletea en sus hojas
O la brisa que alienta sus palabras
O el lento aroma de sus finos dedos

Eres el agua que le fluye por los surcos
El murmullo en los precipicios de página
Y la savia azul de la hiedra y la chépica*

Eres la palidez de la hoja o su ánima
Y eres lo que me dejas en vez de besos
Sufro cuando me acerco al término

Pues sin amor ni dueña ¿a dónde ir?
Además ¿cuál ha sido el sueño contigo?
Si lo único que dejaste fue este cuaderno

Esta hojarasca de tu sábana de noche
Donde anduvieron tus pies descalzos
Donde reposó y se revolcó tu cuerpo

Donde bailó tu risa y tu cabello y brote fue
De tu alma y de tu sueño y desde un tiempo
O desde siempre el aguaje de mi ansia

Sí mucho te quise mas hoy me ciego
Y arrojo sus pétalos a la brisa del mar
Y me arrojo al torrente cuyo espejo

Tiene la forma del vacío Mejor así
Que el recuerdo se quede sin recuerdo
El Edén señora mía nunca ha existido

03.01.04. Lilla Essingen, Estocolmo.





Del libro <i>Gizbar</i>

  ÉRASE UNA VEZ UN DÍA GRIS ¿ Qué determina el ánimo del lago? El cielo, sin duda. Si es azul, los cisnes surcan las aguas, las gaviotas and...