lunes, 27 de abril de 2020

Poesía

Un par de versos de un poema de W. B. Yeats “gatillaron” la composición de este libro, los que insólitamente extravié. Los he buscado en Internet y en bibliotecas —donde haya libros del poeta irlandés—, sin dar con ellos. Los versos decían que bajo el círculo de la luna todo cambia de lugar: lo que venía muy al caso en el año 2001 cuando hice mi primer viaje a Chillán —tras un largo exilio—, porque experimenté el extrañamiento en mi propia ciudad. Dios me ayude a hallarlos algún día.



Oh mis amigos aquí estoy
Vosotros sabéis acaso lo que yo era
Pero nadie sabe lo que soy
El viento me hizo viento
La sombra me hizo sombra
El horizonte me hizo horizonte preparado a todo

"El paso del retorno”, de Últimos Poemas
(póstumo, 1948, Vicente Huidobro).
 

Primer círculo

¿Quién anda?

Revoloteo de tórtolas liceanas
Y rechino de vecinos en manubrios desalados
Vestidos de modo que se pierden en la oscuridad

¡Hola!

El hombre de las hojas de la plaza
Empaca rastrillo y fuego
Se esfuma en la humareda

Campanas
Brisas
Insectos

Otoño

Oh qué pubescencia me dan sus hojas y su musgo
Y qué lentas y sensibles se tornan las cosas
Y cómo toda flor en la orilla del estero es piedra
Y cangrejo de labios apacibles

Pero el frío con su hacha estelar
Tala sin importarle la salpicadura
En el oído y en las uñas
Mas
¿Qué es otra piedra en el agua
Si mis ojos alumbrados por el deseo
Buscan en el cielo la herida rapaz
La pluma orgánica
Unos labios?

¿Y qué es un sol abrumado de caquis
Entre humo y ramas descortezadas
Donde un ángel andrajoso
Con un jote en el guantelete
Observa el barrio
Con ojos compuestos y grises?

En sus pupilas
Hombres y mujeres
Con ajíes y canastas intestinales
Bajan al estero
A lavar pruritos muertos
Como si fueran peces muertos

Al fondo
En el portón del matarife
Rosa
(La muchacha de cabellos rojos)
Ahueca alas y vuela con cubos de sangre

Pero la cogen por la cintura unos bandoleros
Luego bailan en la cubierta de sus párpados
Mientras niños corren tras un sol de alas rotas
Al que le van dando varillazos

¡Oh tristeza de plumerío gris!
¡Oh cardillo de la sombra!

La sombra
Y la muerte

¡Qué distinta es en el barrio la muerte!
¡Y qué hacendosa es la sombra de la muerte
Si pasa su escoba hecha de polvo
Por el suelo de la vieja bodega!

Debiera reírme de la pasividad de las cosas
Cuando escucho rumores de cuero
Ronquidos de botas de caza
Suspiros de trenzas de ajos
Y de cebollas doncellas

El ser es tan difícil y doloroso
Que duele el roce de la pura existencia

Pero mirad mi casa muerta

Mirad esa rueda de carreta
Esa hora arrumbada
Esa sombra terca
Esos sacos fatigados por el asma
Ese barril de miel solitario
Ese puñado de luz por el resquicio
(Oración devuelta por el Cielo)
Y ese deseo tiritando en los rincones
Arrastrándose desnudo por el solado
Rozando la intimidad
La intimidad en las tinieblas tiene
Olor y humedad de insectos
Mas no los frutos de las repisas en la dulce
Maduración de la lenta muerte

Al fondo una puerta
Tal vez un recuerdo
Que me nombra

Abro la puerta

Oh qué angustiada está la calle en la bruma
Una bruma que camina si yo camino

No si me cruzo con una urna

Una urna que cruza dando aletazos y misereres
Porque la activa muerte afila cuchillos en la acera
Mientras la sirena bombera ulula en la torre del mediodía
Arrancando aullidos al árbol y efluvios al perro

Es cuando pasa calladito el cochayuyero azul de horizonte

Quiero silbar pero los labios se me escapan
Como la escasa luz y como las palomas
Espantadas por campanas y voces
Las voces vienen en bandadas desde las variantes
Donde se traman las fatalidades

Las fatalidades son encrucijadas en el aire y en el destino
Y marcan ciertas horas y ciertas gentes

Así a cada hora caen pájaros muertos en los techos
Y ruedan por los tubos del desagüe y por los ramblazos
Y hay colmillos    trozos de vidrios    cochinillas húmedas
Y hay derrame en los ojos   derrame en los muros
Y musarañas o pezuñas o cuernos o pesadillas
Que cavan a los pies de viejos cipreses
Cuyas ramas se confunden con las ramas del cielo

Y así soterradamente
Oscuramente
Oscuramente oigo un afán avieso en las vigas del barrio
Oscura mente
O sea:
Cuchicheos de pétalos de crisantemo
Escalofríos de umbría con ristras de pájaros en bandolera
Voces de borrachos entre jaulas de bambú sonoro
Horadaciones de orugas
Desasosiegos en los aleros
Gemidos de perros
Chasquidos de rueda de piedra del cosmos
Pues un cielo subterráneo
Aherrumbrado
Se prepara a caer
A desplomarse
Sobre
Nosotros

¡Rayos de la hondura!
¡Tormentas de los sótanos y de las cloacas!
¡Espasmos de la noche!
¡Cortinas al viento!
¡Llamaradas de vidrio y badajos guturales!
¡Barriles abismales rodando debajo del pavimento!
¡Delirium tremens de los adobes!
¡Gradas con alas de olas!
¡Brazos del vértigo!
¡Terrones!
¡Terrores musculosos asomados
Atragantados con terrones!
¡Tubérculos que nos jalan de los tobillos
Nos taponan ojos y boca!
Y braceamos bajo cornisas de espaldas quebradas
Y nos equilibramos
Nos asimos a la sotana de Dios
Y suben y bajan las arcadas de la fe por los intestinos cerebrales
Y se amonta el día en la calle
Y las vidas revueltas
Y la suerte y los destinos
Y ya no quiero escuchar gritos
Ni aullidos ni lágrimas
Ni miro al cielo
Únicamente quiero un libro
Al que le sacudo el polvo
Y aliso sus hojas

Arriba el círculo de siempre
Esos jotes que no nos abandonan

Ay esa cuenca del cielo
Ay ese sol vacío bajo el cual fluyen los domingos
Y las constelaciones confundidas
Con las bandadas de choroyes
Y se mueve perpendicularmente la noche
Y perpendicularmente tuerce en la esquina
En donde a veces salen ciertos muertos
Ciertas calles o ciertas ropas a corretearnos
Espumando sus dentaduras

Tocan campanas   barras de hielo
Incesantes cráneos en el templo fronterizo
Y espigan las fogatas y nos fatigamos
Amontonando casa y libros todavía vivos

Pues ¿quién hace caso de relinchos y adulterios?
¿O de castigos hinchados de herejías y matas de galegas
Si apenas se puede con nuestro futuro en el suelo?
Somos insectos sentados con las manos en las rodillas
Alrededor de brasas cuyas células ardidas suben
Buscando las tinieblas
Y las tinieblas (como se sabe) son un horizonte
Vertical vestido de chispas  telarañas y astrologías

Segundo círculo

¡Miren cómo el puelche azota el fuerte!
¡Miren cómo las chicharras oxidan los cañones!

Siendo así
Vuelve la vista al volcán en el mal sueño
Y que no te arrastre el cielo turbulento
Ni te embarque en su ferrocarril serpentino
Porque sus estaciones tienen ojos opacos como túneles
Túneles largos que engullen túneles y adolescencia
Y no temas a ratones de entretecho ni a basiliscos
Ni a infusiones ni premoniciones
Ahora bebe

Pero sigo oyendo a los viandantes de la era
Que exhalan sudor de medianoche y presentimiento
Como el tendero apegado al vidrio de mi sueño
Cuyo vaho se lo liban las moscas de los rincones
(Las que desovan agonías en los ratos de mutismo)
Mientras azúcar queman en mis cuadernos borrosos

Y me arrastran sueños pedregosos corrientosos
Y en el braceo hago rechinar agua y diente
Encogidas las costillas el alma y la lengua
Como molusco de la cama
Hasta que alcanzo la orilla de la Herrería Vieja
Donde forjan minuteros como atizadores

¡Qué tristeza ecológica y filosófica contemplo!

En las rocas agoniza un reloj caído del panal
Que lo llora su novia que acampana la cortina
Y contrito y descalzo y sin hora tiritando
Me voy por desnudeces de vegas sobrecogidas
Guiado por libélulas y camarones barrocos
A la enagua de la vertiente

Tiene ella abiertos los muslos morenos fundidos
Cuya inhóspita lumbre me apretuja en las sábanas

Ah muchachas
Sepan que las he rastreado hasta aquí
Y que de zarza y copihue son mi vientre y mis muslos
Y de vértigo mi pecho como migratorias mis manos
Y las espío oculto en la arborescencia de su pelo
Lo recordará Cristina en su nueva tierra

Ella escribía cartas de amor
Junto a la ventana
Cartas que durarían mientras su charamusca
No se fuera con el humo de las heladas
Bastaba el aire para verla ir
Con esa claridad entre las piernas

Ahora ella escribe cartas de amor
Junto a la ventana extinguida
Apegada su rodilla al muro
Donde trepan caracoles caligráficos
Con lanzas orladas con su saliva
Y brillos del otro mundo
Más allá humea la broza
El humo repta por las paredes
Su vagaroso destino acompaño
Reclinando la cabeza en mi hombro
Porque la esperada no está conmigo
La que no ha sido la que he buscado
Cuyo nombre he trazado en las tablas
Con fósforo de poemas

¿Acaso es el abrazo de las ramas?
¿Acaso el vacío dejado por el vuelo?

Su trenza he buscado la he rastreado
Entre piernas y senos abultados de carcajadas
Dientes de rouge que han bailado sobre mis dedos
Si he yacido moribundo junto al camino

Culpa mía pues demoro el velero
Ni precipito el conjuro de la hoja de arce
Dejado por mano de mujer en mi primer sueño:
Traslucida desnudez batida en coraza de mar

Mas persisto siendo agua de noche
Espuma del paso de las horas
Remolino de ombligos   vaivén
O labios de sal en fondo marino
Donde disputo con cangrejos y aves abisales
Piltrafas de corazón

Porque como sea la he querido
Y más que nadie la he aguardado
Y así moriré y así morirá ella
Que mi consuelo sea su noche
Pues aquí respiro y suspiro

Pero miren cómo el puelche azota el fuerte!
¡Miren cómo las chicharras oxidan los cañones!

Y al mar van las vidas ya muertas del Itata
Y los mordisqueados sarmientos de la Empresa Celulosa

¿Quién iba a pensar que este valle sería el Desamparo?

¡Miren cómo el puelche azota el fuerte!
¡Miren cómo las chicharras oxidan los cañones!


Tercer círculo

Alguien monta un caballo de trigo
Galopando por esta calle a la montaña

Torna hecho brisa salvaje
Galopando a la mar verde

¿Ven cómo me pone los cabellos?
Me los compongo con los dedos
En esta calle que estuvieron
Quienes vestimos pantalones cortos

¿Quién ha visto al peluquero?
Ay
Emigró con la Arriera

Chis chis chis  con su tijera comunista
Chis chis corta mis brotes de pequeño burgués
Envuelto yo en paño blanco en medio de la calle
Agachado en el espejo de la cabeza
Que apenas veo mi cabeza en el tránsito

Pero veo que asoma calle arriba
Orellana
Con su carretón de libros
Y ya lo saluda el verdulero:

¡Orellana eres un árbol viejo
Descansa de tus hojas
Y de tu lluvia otoñiza!»

Orellana le responde con la boina:

¡Los esenciales están en estas hojas!

Entonces vamos y hojeamos
Sus manos blandas y tibias
Y esas encuadernaciones a medio soñar:

Miren esta fruta recurrente
Miren las pepas en la sandía

Risas y metáforas:

¡Falanges saturninas!
¡Escarabajos del corazón!
¡Cristales de los ojos!
¡Unidades del tiempo!
¡Trigo de la noche!

Ja ja ja ja  ríe el eco afectuoso

Orellana vase y desaparece
En el quicial del círculo lunar
Donde hay fuegos de artificio y primavera

¡Vengan! dicen
Y vamos y nos reímos con una sordera
Y unas hormonas que reventamos en el espejo
Con alfileres chillando tanto que serpentina y chaya
Y subversión nos salen de glándulas y parodias
Sobre las que abultamos las patillas
Mientras los bluyines se mueven en el rock’ n’ roll

Retozamos
Car car car cajadas
Cantamos

Y de la mano se va el carro alegórico
Y nosotros a los árboles de la umbría
Y corriendo viene un estudiante normalista

¡Que miremos el jazz de su corteza cerebral
Y el tímpano de su mirada que hace batintín!

Batimos en coro las falanges
Car car car car  ríe el eco
Car car…

Y confitada avanza la manada estudiantil
Al desfiladero de la Coronación de la Reina
Mientras pasa un caballo empujado por la brisa marina


Cuarto círculo

Rumor de pasos
Debajo del círculo lunar

Y jadeos y gemidos de perros    desde las hornacinas
Y sombras    detrás de sus mismas sombras
Y el silencio del frío     en la linde de la muerte
Y los ocelos abiertos del coronel

«Se ruega arrancar ciertas hojas y ojos a la Utopía»
Suena el vocejón en el balcón de la Gobernación
Y muerto cae al río el vendedor de alas
Que nos salpica de fuego humo y estrellas

Es el tiempo de índices orejas y caminos
El tiempo de túneles que buscan túneles
Túneles fieles como secretos
El tiempo de toneles que caen al río
Con olor de plumas resignadas
Y el tiempo del fuerte sudor de huesos

Huesos  huesos  huesos
Huesos que soplo como si fueran los propios

Lástima da verlo coronel Toro Dávila
Lástima la muela cariada de su ocelo
Porque nunca le brotarán alas
Solo sarcoma en su escápula
¡Escupa usted coronel! ¡Escupa!

Escupe y caen como sandías cabezas de un camión
Después ahorcan a un hombre  ¡A un buen hombre!
A un Ongolmo de lagos
Que en plegaria de rocío y pétalos
Desaparece al llegar la aurora

Y ruedan camiones con soldados y árboles
Y apuntan a nuestro grupo parado en la esquina
Y nos apuntamos mutuamente con las miradas
Y entramos al bar del Comercio
Vacíos y pálidos de palabras como las ánimas

En el televisor (sumergido en una botella)
Vemos el paso de los camiones militares
Y el ocelo con derrame
Acecha a nuestras bocas
Y como nada es más atroz que la cobardía
Derramámosnos en la mesa y en el piso
Salpicando la cubierta con la poca saliva
Que el silencio recoge en un balde de sangre

¿Quién sangra?
Es el alma la que sangra
¿Quién se queja?
Es el alma la que se queja

Ahora en la pantalla del televisor vemos
Mujeres que sacuden manteles
Sobre el perfumado abismo de sus ánimos
Cuyas migas se pegan al paladar de la ciudad
A la que apenas le respira el corazón

Y sacacuartos y sacacorchos aplauden al militar
Aduladores alrededor del Coronel

¿Quién sangra?
Es el alma la que sangra
¿Quién se queja?
Es el alma la que se queja

Porque sucio ruedo por un pabellón sobajado
Construido de costillas y alambres

«Velis nolis» vocea el obispo Elodio Vicuña

Y forzado soy a expurgar en un cráneo
En que hunden su mano hasta el hueso
Y arrancan manojo de venas y raíces
Que no aflojan sin un cuajo de humanidad

Mas el caracol de la poesía no ensordece
Así puedo oír el rumor de planetas y mariposas
Y el rumor de mis días mis meses y mi lejana estrella

¡Oh plagado está el mundo
Confundido el cielo astrológico
Nunca jamás he de mirarlo!

Nunca jamás corean las almas confusas
Cuando abandono el portón del Oficioso
Mientras círculos gregorianos entonan como tonadas:

Muerte muerte
La agonía interminablemente es

Son querubines serafines boinas verdes
Dominaciones torturadores potestades fiscales
Arcángeles y ángeles militantes

Mas mi alma resiste el dolor de los barrotes
Y refrena el asco en el amor y en los ojos y en los dedos

Me tomará tiempo acostumbrarme
Al sabor del Infierno en el respiro
Al sonido de un cuerpo que se arrastra
Cada vez que se me acaricie
A la palabra espesa
Al óxido del consuelo
A la mosca y la humedad impune
Al peso de mi cuerpo que debo asesinar
No he podido


Quinto círculo

Lumbre de tristeza en las vitrinas comerciales
O quizá soy reflejo desprendido del azogue
El cabizcaído    el último taciturno junto a una mula

Nadie dice nada Solo siguen su paso de andurrial

¡Perdonen que haya extraviado el pregón!

Indiferente el sereno cierra el frontispicio de lluvia

En mis audífonos el Romance Sin Palabras
Un chelo cuyas cuerdas son venas exiliadas
Y el arco la carne viva de mi corazón
Y ansí muellemente piso en los tobillos
Busco un escabel donde sentarme en la acera

¡He traído de vuelta mi espalda
Novedosa de nubes y entumecida de Europas!

Sin embargo solo el rumor creciente
Y un revoloteo de tórtolas liceanas
Por el paso de vecinos sobre manubrios desalados
Vestidos de modo que se pierden en al oscuridad

¡Mi abrigo es un cuero vivo!
¿Acaso no ven en estas palabras la humildad de mi persona?
Pero no

Ellos van como andaluces en transición a lo importado
Como pehuenches fumando marlboro
Como gorriones aguardando los mendrugos liberales
O como especuladores o como banqueros
O como ánimas o como nada
O como gente que no se mira en el espejo

Pasa el cochachuyero arrastrando aguamar
Arena viscosa de sol y horizonte
Y ahí está
La luna alumbrando en los tejados
Los tejados empollando ojos alertas
Las almas adueñándose de casa
Los murciélagos bajando a escarbar en los basureros
Una risa llegando al Hotel Santiago
Un bigote un terno una mano
Un codo un rápido pliegue de vestido
Una yesca un sombrero que los recibe
Y una silla arrastrando los pies
Que bajan a la bodega olvidada
Donde oigo el temblor morboso del sanguis
Y a un Guatón Monroy escanciar pasos míos
En este desvencijado páramo
Bebemos en cacho espumosas sombras:

¡Brindis por la araucaria y brindis por el pequén!
¡Brindis por las raíces la cepa y los pámpanos!
¡Brindis por lo feo y brindis por lo bello!
¡Brindis por los vivos y brindis por los muertos
Y por los que esperan vivir!

Aspiro
Aire es mi piel aire mis pasos
Mis pasos mis pasos húmedos

Rama de arce baldosa que piso
Color del cielo agolpado en los ojos
Los pasos míos soy
Sombra de árbol que busca su árbol
Ruido urbano Semáforo Quiltro
Calle y automóviles
Rostros y quioscos Manos al viento

Me abrazo dentro con mangas de abrigo

Y en la vereda   mi corazón es raíz
Asomada en las grietas de baldosa callejera

Callejera sola en ciudad sola en mundo solo
Soledad húmeda que mi piel acoge

Ay Carmen Carmen de mis costillas
Aún tienes tu nido en las ramas de mi cuerpo
¿Por qué entonces no andas y respiras
Ni estás en la ventana eterna?
¿Por qué tus pasos no son mis pasos
Y tu risa mi íntima secreta alegría?
¿Y por qué no somos agua y piedras
Brisa en su brisa mejor
Y hojas y nubes cielo y lluvia
Y lluvia y viento norte en alas
Y copas de árboles vestidos y noche y muslos
Y dientes
Y aceitunas y risas de vainilla en el Café París
Y besos de ambrossoli en el Cine Mafor?
Pero no
Solo largas sílabas como arterias sofocadas
Espesas de rumor de aguas lluvia por entre colmillos
Y controles de puestos marciales
Así nosotros con los hijos a cuesta
Sin carreta ni amigos ni Cruz Roja

Rojo de rabia lo recuerdo en mi piel y en el aire
Al desmontarme
De un siglo entorchado
Quemado
Y derrochado

¿Quién anda?

Únicamente el recodo de la sangre nocturna


Sexto círculo

Solo
Húmedo de intemperie va mi andar

Rama de arce soy   baldosa que piso
Vacío en el que me desplazo
O abandono en el desmonte
Y en los rozamientos y las huidas

Sé que voy contra la corriente
Que en vez de ir a los abrazos me alejo

Pues temo yo y mis zapatos ya espantadizos
De las mordidas de otros zapatos
También mis manos que adelgazan en sus nidos
Abrazadas a las llaves exiliadas
Esquirlas sagradas de amuleto nórdico
Gritos
Gritos desde el río Ñuble por sus mártires
Pancartas hechas de pétalos heridos que me llaman
Que me invitan
Son largos cuerpos de agua y púrpura

Pero los burócratas queman en la Plaza de la Gobernación sus demandas en la Fogata de Ingratitudes

¡Qué olas tan saladas azotan mis mejillas
Y qué hielo en mi pelo!

Tropiezo
Y ladran las esquinas de los barrios hundidos:

¿Qué hora es? ¿Qué hora es?
Suena el recodo de la sangre nocturna aún caliente

Dientes de rata roen las aguas del estero
Y chasquea en sus ojos la hora
Que se escurre por entre ramas y rocas
Mientras un cadáver se despabila   despliega su sueño
Y entra por la herida de su pecho

Pero el estero no me engaña ni su aguaza
Sé que en el fondo hay una cabellera viva
Y un abrigo incesante
Y golletes de botellas y culebrones de barro
Y protozoos ácidos que devoran pollos y ángeles
Y cosas de un mundo desquiciado
Así como en los sauces chonchones picotean
Pescuezos de jotes y espulgan mala hora
Y falsos sortilegios de nidal de Quilmo

¡Humo de ají!
¡Humo de los mataderos y las locomotoras!
¡Humo del cáncer!
¡Humo de las palabras gastadas!
¡Humo del pleonasmo!
¡Humo de los zancudos!

Toso toso ni hoz ni martillo
Y me ahogo en el fondo de mi ahogo
Y me topo con cadáveres que me dicen sus nombres
Y los nombres oscuros
Metacarpos aprisionados a la zozobra
Así que toso  Toso
Tal vez gañido que corre tras los perros mendigos
Por plazas y galerías

Quién diría que ahora busco un escabel
O la banca de la esquina

Quiero sentarme en la vereda de esta calle
Detenida como agua cabizbaja
Donde pueda oír el viejo trovar
El cencerro de carros de sangre
Las coplas de niños olvidados
Y las coplas de muchachas
Y el paso de la oruga a través de los anillos del árbol
El zumbido del candil del castañero
El susurro de la hora de los clandestinos
La respiración del silencio
Sin embargo
Solo oigo una ventana que suda luz y sopea niebla
Ojos que espesan sobre el vidrio

¡Puro cielo boreal madre alejada!

Y pasa un pájaro que mira con mis ojos
Y se posa en un árbol que tiene mi sombra
Y la sombra viene y entra en mi pecho
Y del bolsillo de su abrigo saco mis pasos

Oh rocío de luna en los adoquines de esta calle
Oh carne viva
Oh carne muerta
En la orilla del Itata un hombre triste plantó peces
Peces azules y árboles transparentes
Y apacentó delirios y mosquitos tiernos

Era mi camarada Manuel Mellado con sombrero
Que fuma su cigarro en espera de pescar otra era
Aunque pesca solo luna en la que se embarca

No así el camarada José Crisóstomo
Que se recuesta a la orilla de su corazón hondísimo
Ni así la muchacha comunista en ribera más alta
Pues elige la soga del sol del Cayumanqui

Y el Cayumanqui cansado de ser cerro
Baja al bar donde vienen los ríos a beber aguardiente
Y dando diente con diente me pongo las alas
Y me voy al plan de las luciérnagas y las bicicletas
De mi barrio
Aquí mis hermanos y los otros muchachos
Como el Quinca el Robiné y el Huaitra
Juegan a trazar el rumbo de las migraciones
Con clavos de línea férrea

Y se dan vuelta a mirarme

He vuelto
He vuelto con el gesto en el cuello descongelado
Calzado como un brujo formal con oscuras libélulas

Me miran como un pleonasmo

Ja já  digo frotándome las manos
Miren como les doy fosforescencia a los faroles

Pero ellos desaparecen

Y en andas me llevo
A la altura de la copas de los arces
Sin que mis ojos descuiden las baldosas
Arrastradas por aguas de baldes lejanos

Y cae una hoja   y otra  y otra   húmedas de verme
Como olvidado de algo


Séptimo círculo

Pasan desconfiados choferes
Enloquecidos de ojos y reflejos
Y me acechan deteniéndose rápidos
Conduciendo hacia desordenados desvíos

Son barrios sin metafísica  Barrios industriales
Con trenes en herrumbre y durmientes
Con hoteles eriazos con toallas en las ventanas
Con puentes suicidas sobre líneas férreas
Con hortalizas de trapos y cucarachas cortantes
Con canales por cuyas aguas bogan
Carabineros andróginos y perturbados

Lejos  lejos   lejos   se les oye casi nada
Esa nada de repente periférica

Baja presión   advierten mis oídos
Sorda se ha puesto la calle

Quiero ver a mis amigos

Así que piso firme Piso como un campanario
En esquina de O’Higgins y Vega de Saldías
Y viro por Libertad hacia la cordillera

¿No ven acaso la disposición de plaza
Que tiene la tarde
Como recién puesta al sol?

Oíd la brisa entre las ramas
Mirad la pluma y la hormiga
Oíd la hormiga y la pluma
Mirad las ramas entre la brisa

Y acéptese que frote el brazo por los ojos
Y que entren y salgan del círculo los náufragos
Singularmente y confusos
Por quién es el que ha llegado
Y por el que aguardado

¿O es que acaso no soy este?
¿No soy este?

Y es de pura rabia que desabotono mis ojos
Porque en el centro del círculo
Inasible cabizbaja y contenida
La Ausencia

¿Quién es? ¿Quién es?
Se preguntan los viandantes de la era
Y nos abrazamos los abrigos
Mientras baten puertas y ventanas
Y el puelche se excita

¡Miren las embarcaciones en los edificios!
¡Miren la oscuridad quiróptera por los techos!
¡Miren las chimeneas obscenas!
¡Miren el maullido de hollín y ausencias!

O esos raros zapatos por la feria
O esas ánimas por calle Prat
O aquellos pálidos poetas en pos de sus papeles
O aquellas esquinas que se escabullen
O aquel padre mío portafolio al brazo
Que se me aleja y desaparece

Aparece el lucero frotándose los brazos
Observando la labor y la molienda de huesos

(No por nada mi fémur gime como flauta)

No por nada los gorriones han copulado
En el convento franciscano
Y no por nada aún arden en sus ojos velas de arrebol
Incurable

Pero miren:
Un hombre con sus pobres alas sale de la cárcel
Con un saco sobre el arqueado barrote dorsal
Y así camina hacia un árbol que ha aguardado
Estreñido de angustia al abrigaño de la esquina

¡Miren cómo ahora se debaten en alas y hojas labiadas!
Y cae la garúa de los tristes
De un mar triste por el aire triste

Rumor
Rumor de pasos
Debajo del círculo lunar
Y consignas pehuenches que preguntan por sus dioses
Y enseñan sus vasijas de barro vacías

Mas desde la ventana el Gobernador
Altanero arrogante altivo despectivo despreciativo Displicente esquivo
Sociolisto
Les arroja saltamontes fiscales y un diente
Y como si no fuera mucho
Desde el templo Oval
El Mitrado los amenaza con el anillo de su ojo
Objeto salivoso cuya úlcera obsesiva
Es por suerte intranscendente

Por eso rápida sombra joven como un sueño
Con rápida pintura de copihue pehuenche
Escribe el nombre del vendedor de alas
En la inconmovible Cruz Monumental

Hay malón en Atacalco
Se come semilla de acahuales marxistas
Y se bebe zumo de quimera

Y en los caminos viejos se enciende
Lámparas de carburo y lámparas de labios
Y en Quilmo los brujos conferencian de política

Y galopes
Galopes de ponchos
Galopes sudorosos de heno y peras
Galopes que espantan pequenes y ojos que comen
Digüeñes y anillos en los robles

La luna en medio

Y el miedo
Y doncellas y luciérnagas
Y cóndores por las estribaciones
Y más galopes por los puentes de zinc
Y el viento en poncho por la montaña bandida
Y pasos que apenas pisan
Y ese rumor
Y ese suave rumor debajo del círculo lunar

¿Quién anda?

Solo pasos míos por esta calle
Solitaria para este solitario
Y así habría seguido si no hubiera llegado a este muro
Donde leo una infame escritura
Revelada por la humedad:

En la ciudad de San Bartolomé de Gamboa
En treinta y un días del mes de mayo
De mil y seiscientos y cuarenta y un años
Francisco Pineda Bascuñán
Al capitán Pérez Molina
Hace gracia y donación
Perfecta e irrevocable al dicho comprador
Y a sus herederos y sucesores
Y a quien del hubiere título
Del señorío y posesión que tiene del dicho negro
Como cosa legítimamente suya

Pasos
Más bien ecos de pasos
Debajo del círculo lunar

Cueca bailo
Bailo pequén
Me espulgo

( Caen hojas de un árbol lejano )

Caigo de rodillas ante mi gorra

Mi brazo me levanta
No nos decimos nada
Abrazados tomamos el camino de regreso al ostracismo:

El de los bandoleros y las estrellas


Lilla Essingen, Estocolmo, Suecia, 2001.08.25.


Un par de versos de un poema de W. B. Yeats “gatillaron” la composición de este libro, los que insólitamente extravié. Los he buscado en Internet y en bibliotecas —donde haya libros del poeta irlandés—, sin dar con ellos. Los versos decían que bajo el círculo de la luna todo cambia de lugar: lo que venía muy al caso en el año 2001 cuando hice mi primer viaje a Chillán —tras un largo exilio—, porque experimenté el extrañamiento en mi propia ciudad. Dios me ayude a hallarlos algún día.


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RELATOS INGENUOS

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